Pasan ya más cinco años que el fútbol perdió parte de su barroco disfraz de la palabra, cinco años desde que el telón de la elegancia cayó por última vez. Concretamente un lunes 22 de mayo de 2006, cuando en el Hospital Ángeles del Pedregal de la Ciudad de México, la voz del cronista Ángel Fernández Rugama se apagaba para siempre. Y de aquella calle del Conde del olvido, donde el envejecido viento del tiempo arrastra papeles y hojas secas de crónicas que son versos, rescato a un ángel disecado que permanece vivo en nuestros recuerdos.

Unos recuerdos de los que cuelga el sombrero boquiabierto de la elegancia y su legendaria trayectoria humana y profesional. Una trayectoria a la que dio inicio un 2 de agosto de 1925, cuando en tierras michoacanas, en Morelia vino al mundo para darle color a las palabras. Palabras que descubrió en Distrito Federal, donde don Ángel creció, se formó y forjó su leyenda periodística. Casado con Lucrecia Gris y padre de ocho hijos dedicó prácticamente toda su vida a transmitir toda la poética y mitología del fútbol, aquella con la que atrapó a tantos aficionados.

En su figura encontramos a un mago del periodismo deportivo, lo suyo era filigrana narrativa, chispa, pasión y espectáculo. Junto a Jorge “Sony” Alarcón y Fernando Marcos, Don Ángel fue uno de los pilares de la crónica deportiva mexicana. Autoproclamado “gambetero de la crónica”, en la década de los setenta su eterno cantar del gol y su verbo ingenioso se abrieron paso a base de talento, certeros sobrenombres y narrativa poética de la crónica deportiva. No hay más que repetir la frase con la que comenzaba cada transmisión para cerciorarse de la excelsa ceremonia y colorido espectáculo en el que se convertían los partidos narrados por ‘Don Ángel’: “A todos los que quieren y aman el futbol!”. En el jardín nocturno brillaban las guirnaldas y llegaba la música cuando en su metálica voz, el partido entraba en su fase más interesante: “Sálvese quien pueda… niños y mujeres primero”. Su añorada sentencia, no por más repetida menos recordada: “Me quito el sombrero y me pongo de pie”, prende rescoldos en la hoguera de nuestro corazón.

Ángel Fernández era un arquitecto de la palabra que convertía un partido gris e insulso, en una palmera de fuegos artificiales. Su metálica voz, su estilo alegre y pirotécnico marcaron como dijo Heriberto Murrieta, un ‘angel` y un después de la crónica futbolera.  Señor de la crónica, apasionada, todo un maestro de  la imaginación, las expresiones que utilizaba en su narraciones, han quedado grabadas a fuego en la memoria de los aficionados: un sinfín de apelativos en derredor de lo que denominaba como “el juego del hombre” y hacia los que dirigía sus palabras surgidas del corazón. Sus clásicos apodos el “Niño de oro” a Hugo Sánchez, el “Gato” como llamó al portero argentino Miguel Marín, “El Confesor” Cornero, “El Cocodrilo” Valdez, “El Actor” Anguiano. A los Cementeros del Cruz Azul los llamó “La Máquina Celeste” y a las Chivas Rayadas del Guadalajara, “El Rebaño Sagrado”, motes con los que aún hoy se les conoce.

Tres fueron las especialidades deportivas que gozaron del privilegio de ser narradas por el mago mexicano de la radio y la televisión, sin olvidarnos de su excelsa y sabia prensa escrita: boxeo, béisbol y especialmente fútbol.  Pero fue sin duda el fútbol en el que dejó una profunda huella. Jorge Valdano le dedicó estás líneas en Marca, en las que el argentino apunta brillantemente pinceladas de lo que fue Don Ángel para la gente y para la profesión:

Quizás porque descubrí este espectáculo a través de la radio, soy un convencido de que la palabra completa al fútbol. Esta semana murió Ángel Fernández, mexicano y extraordinario narrador de radio y televisión. “Ahí viene Hans Peter Briegel, que en alemán significa “Ferrocarriles Nacionales de Alemania”. Con esa frase lo descubrí y me gano para siempre. Un periodista con sentido crítico que con mucha frecuencia encontraba una forma original y divertida de contar las cosas. Para él CCCP (las siglas de la URSS, en ruso que lucían en sus camisetas) significaba “Cucurrucucú Paloma” y se quedaba tan ancho. Pero el día que Rusia se enfrentó a Brasil cambió el significado “Cuidad Compañeros Con Pelé”. En estos tiempos, en los que la palabra está bastardeada, yo quería homenajear al hombre que mejoró el fútbol con las suyas.

En su libro “Dios es redondo”, el escritor y periodista Juan Villoro recuerda que en los partidos de su infancia el hecho fundamental fue que los narró el gran cronista de televisión Ángel Fernández, capaz de transformar un juego sin gloria en la caída de Cartago. Ahondando un poco más en la admiración que le profesaba Juan Villoro, reflejamos otro extracto suyo en el libro “Los once de la tribu”, recrea la conmoción que provocó Ángel Fernández, lo que da una idea de sus repercusiones en el presente y el futuro: “Los niños lo imitaban con una cuchara a manera de micrófono, los futbolistas de todos los estatutos, del Torneo de los Barrios a la Liga Española, hablaban su idioma, los radios de transistores eran golosamente escuchados en pleno estadio: el partido se desdoblaba en otro, inventado por Ángel Fernández”.

Un sinfín de anécdotas vivieron los aficionados con su voz, en una ocasión cantó goooool al ver el balón tocar las redes, sin embargo al percatarse de que la vista le había jugado una mala pasada, volvió a gritar con más potencia y en dos ocasiones, pero al final agregó ¡Goooool  que se escapa!. Trabajó los últimos años de su vida en la emisora radiofónica Estadio W junto a Jorge “Che” Ventura. El 1 de mayo del 2005 el club Atlante rindió homenaje a Ángel Fernández en el descanso del partido de Potros de Hierro contra Rayos de Necaxa en el estadio Azteca donde el público asistente le aplaudió de pie. Cuando Don Ángel fue testigo del cariño de la gente y el apoyo de los medios dijo lo siguiente: “Nunca se habían reunido tantos magos de la lente para tomarme una foto. Me siento orgulloso de todo lo que me han regalado, contento de ver a tanta gente y medios de comunicación… tantos fotógrafos que no veía desde que se casó Marilyn Monroe”, sin duda genio y figura.

Su legado es incalculable, tanto a profesionales como a aficionados les enseñó su manera de ver el fútbol, un fútbol que para Don Ángel fue el espectáculo de la palabra, el balón hecho vocal rodando por el pasto y besando las mallas con su interminable ¡Goooooool!. Su tratado futbolístico “Esto es futbol soccer: El juego del hombre” es materia obligatoria para los buenos aficionados. Y para mí un gran clásico del periodismo, aquel que convirtió el césped en jardín narcotizado de retórica, ese mismo que engalanó al fútbol con el chaqué de la emoción y disfrazó a la pelota con el bello rostro de la palabra.

Fuentes:

http://www.wradio.com.mx

Diario MARCA.

http://www.milenio.com

www.eluniversal.com.mx.

Mariano Jesús Camacho