En estos tiempos que corren en los que el mundo se mueve a través de la tecnología y el medio audiovisual, a veces algo tan sencillo como la palabra oral o el texto todavía pueden causar un gran impacto mental o emocional en el imaginario colectivo de la gente. Por ello quisiera comenzar este texto con la vigesimosegunda letra del alfabeto español, vigesimoprimera del alfabeto latino básico, y la quinta (y última) vocal: La U.

Aquella con la que Jorge Sampaoli utilizó el poder del viento para remontar el azul y como un fuerte trueno retumbar en los corazones de una afición que expresa su emoción cantando al unísono está canción: “Sampaoli, Sampaoli, yo te quiero agradecer, por hacer jugar al ‘Bulla’, como lo hacía el Ballet”

Esa misma que hoy luce gloriosa sobre el palpitante pecho de Chile, un arquetipo para el aficionado al fútbol del citado país y en especial para los hinchas de Universidad de Chile. Y es que en aquella quinta vocal que para la gramática pasa por ser una vocal débil y cerrada, se abre el maravilloso mundo de la emoción y la fuerza de la palabra. De la emoción porque Universidad de Chile se llevó merecidamente la Copa Sudamericana 2011, consiguiendo su primer torneo a nivel internacional en la historia del club tras superar con claridad por tres tantos a cero en la vuelta (tras el 0-1 de la ida) a  Liga Deportiva Universitaria de Quito. Y de la palabra porque tras esta victoria coronada se escribe un relato de motivación en el que la palabra cobra importancia a través de la pluma de Eduardo Sacheri, cuentista del balón y arquitecto de las emociones sintácticas.

Escritor, profesor y guionista al que acudió Sebastián Beccacece (ayudante de campo de Sampaoli) para motivar a los integrantes de la plantilla de la U, una vez convencido el peculiar Sampaoli, que encontró en la pluma de Sacheri otro de sus conocidos y extrovertidos métodos de trabajo. Aquellos con los que ha llevado a la U a coronarse como campeón del torneo chileno por decimocuarta ocasión ante la Universidad Católica en la final del Apertura, en la que ya Sacheri y un texto especializado suyo dejaron huella emocional y motivacional por el vestuario azul.

Tal fue la fuerza de aquella palabra que junto al magnífico trabajo táctico-técnico de Jorge Sampaoli, uno de los técnicos de moda del fútbol sudamericano y bielsista de corazón y convicción, el buen plantel de la U encontró la fórmula mágica para llegar al éxito. Y es que dicen que de esa manera nació el universo: primero se nombraron las partes y después apareció todo….

Y así apareció el Universo azul de la U, en la experiencia de Jhonny Herrera, en el brillo de Canales, Aránguiz y sobre todo, Eduardo Vargas, autor de dos goles junto a Gustavo Lorenzetti en la final. Un delantero con una movilidad tremenda, veloz, dotado de un buen tren inferior. Que como los libros y cuentos de Sacheri semejan a un buen título y en el caso de Vargas, Eduardo, como el escritor va titulado como ‘el genio de la U’. El socio perfecto para Canales,  Aránguiz o Castro, “Edu” es un genio, un diablillo que se mueve entre las líneas enemigas dinamitando trincheras defensivas con su velocidad y movilidad.

Así ha sido como los laicos de la U convirtieron el Estadio Nacional en la hoja en blanco para una nueva esperanza azul que sueña con una nueva versión del mítico ‘Ballet azul’ (nombre que adoptó del mítico Millonarios de Bogotá de la época) de los años 60, en los que la U de Luis Álamos y Leonel Sánchez conquistó el lustro con más títulos en la historia del club. Una circunstancia que queda reflejada en sus números, sólo dos empates en 14 partidos y solo dos goles encajados en el Campeonato de Copa sudamericana, pasando indemne por Uruguay, Brasil, Argentina y Ecuador. Unos números que se agrandan aún más cuando las estadísticas arrojan sus 35 partidos invictos, consolidados en el trabajo y la personalidad de Sampaoli, para muchos sucesor de Claudio Borghi.

Y todo gracias a un gran plantel, un gran técnico y una gran idea, aquella que llevó la palabra al vestuario azul a través de la mirada literaria de Sacheri, que como en aquel cuento que hice en su día, hizo de Gordo Gandolfi y llevó las letras al fútbol de verdad para vivir un gran sueño. La fuerza de la palabra, el valor de los hechos, el sueño de una letra débil y la pasión de una U, que permitió a Universidad de Chile grabar su nombre en esa copa que tiene inmortalizada la placa de otros nueve equipos, todos gigantes de América. Una fiesta a la que estuvo invitada todo Chile, pues tras 20 años vuelve a gritar campeón en un torneo continental, tras la Libertadores 91 de Colo Colo.

Johnny Herrera; Marcos González, Osvaldo González, José Rojas; Matías Rodríguez, Marcelo Díaz, Charles Aránguiz, Eugenio Mena, Eduardo Vargas, Gustavo Canales, Francisco Castro, Albert Acevedo, Gustavo Lorenzetti, Diego Rivarola, Guillermo Marino, Nelson Rebolledo y Paulo Magalhaes, los protagonistas de este bonito relato con la fuerza de una gran verdad histórica que adorna los 84 años de existencia de un sentimiento y una pasión de color azul.

El de la U de Chile…

Mariano Jesús Camacho