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En Montevideo y Valencia las banderas del fútbol ondean a media asta con motivo de la partida de un extremo diestro, un puntero derecho que dejó un gran recuerdo tanto en la leyenda del club bolso como en la memoria histórica del conjunto che. Aquella que hoy despide con admiración y nostalgia a Héctor Núñez Bello, un personaje de fútbol que se ganó el respeto de todos tanto en sus desempeño como futbolista como en su posterior trabajo como entrenador.

Su historia la de un joven de ascendencia gallega que nació para el fútbol en su Montevideo natal, en las inferiores de Nacional, club en el que debutó a los diecinueve años, un 15 de diciembre de 1955, de la mano del por entonces Ondino Vieira, su mentor. Cuentan que aquella tarde Ondino con su alineación envió un mensaje a todos de que era la hora del relevo generacional, pues alineó a cinco chavales ante Independiente de Avellaneda (por entonces campeón argentino). Vieira alineó a Héctor “Pichón”Núñez, Raúl Núñez, Julio Acosta y Héctor “Ciengramos” Rodríguez, junto al paraguayo Juan Ángel Romero.

Y desde su primera aparición con la camiseta alba de Nacional dejó constancia de su velocidad, su desborde por banda derecha y especialmente su buena llegada al marco contrario. Cuenta la historia alba que aquella fue una aparición estelar y consolidó la formación de un equipo que con el “Pichón” como una de sus estrellas logró tres títulos de Liga. En aquella época conformó queridas y recordadas líneas de ataque de Nacional, especialmente la que integró junto a Raúl Núñez, Acosta, Rodríguez y Escalada.

Por todo ello su desempeño no tardó en llamar la atención de los equipos punteros del otro lado del charco. El Valencia firmó al punta diestro uruguayo en 1959 y durante seis temporadas vistió con orgullo y talento la camiseta valencianista, destacando en la temporada 60/61, en la que en una temporada irregular del equipo dirigido por Balmanya (al que consideraba su gran maestro y una enciclopedia del fútbol) Núñez brilló haciendo catorce goles.

Núñez fue habitual en las alineaciones ches en aquellos comienzos de los sesenta, cuando en la banda derecha del Estadio Mestalla, el “Pichón” comenzó a ser conocido como “el Palomo” por su peculiar manera de mover los brazos cuando corría. Su calidad, su garra y su talento a pelota parada dejaron un buen recuerdo en la memoria  de los seguidores valencianistas, que también comprobaron la irregularidad de un futbolista capaz de firmar enormes actuaciones con otras en las que desaparecía del terreno de juego.

En cualquier caso nadie olvidará la personalidad de un futbolista que fue uno de los puntales de los éxitos del Valencia en aquella época, especialmente por sus dos Copas de Ferias conquistadas junto a futbolistas de la talla de Waldo o Guillot, la primera de ellas con una espectacular victoria en 1962 ante el Barcelona, en la que Núñez puso firma al set valencianista para la historia. También por sus 123 partidos y sus 40 goles defendiendo la camiseta ché.

Permaneció seis temporadas en Valencia, hasta 1965, cuando firmó por el Mallorca donde jugó una temporada, para luego poner punto y final a su carrera como jugador en 1968 en las filas del Levante (por entonces en Segunda División), donde tras temporada y media las lesiones precipitaron su despedida como jugador.

A su retirada y tras varios desempeños profesionales en hostelería y en la representación de jugadores inició su carrera como entrenador, profesión en la que tuvo una dilatada y exitosa experiencia al frente entre otros de Atlético de Madrid, Tenerife, Rayo Vallecano, Granada, Valladolid, Las Palmas y Valencia. También dirigió a Tecos mexicano entre 1981 y 1983 y regresó como técnico a Nacional en 1989, donde conquistó la Recopa Sudamericana frente a Racing (campeón de la Supercopa) y la Copa Interamericana contra Olimpia de Honduras (campeón de la Concacaf).

Don Héctor Núñez fue un buen entrenador, respetado y admirado por su capacidad humana y profesional, llevó las riendas también del Al Nassr de Arabia Saudita, la selección de Costa Rica y el uruguayo Tacuarembó, con el que se retiró definitivamente en 2007, pero especialmente recordada fue su aportación en 1995 a la selección uruguaya, a la que llevó a la conquista de la Copa de América. Una victoria cimentada en el trabajo de Don Héctor y en el magnífico desempeño de los  Poyet, Francéscoli, Fonseca, Bengoechea y compañía, que como Forlán siempre le consideraron un ´maestro’, aquel que como técnico celeste escenificó lo que en su momento se consideró como la resurrección del fútbol charrúa, Ese mismo que partió a la edad de 75 años tras una larga enfermedad, el extremo implacable que desde hoy es otra leyenda oriental en el recuerdo de la camiseta alba y permanecerá como ’el palomo de la raya de cal’ en la leyenda ché.

DEP Don Héctor

Mariano Jesús Camacho