En las curvas sinuosas de Angelina de Resende Barroso y en las acuarelas cromáticas de la ciudad cariñosa de Ubá, en Minas Gerais reposa la historia y leyenda de un genio que vio la luz un 7 de noviembre de 1903.  De nombre Ary, su padre João Evangelista Barroso, tan versátil como él mismo fue diputado estatal, promotor público, abogado, poeta, guitarrista y cantante.  Ambos configuraron su genética y su destino, pues a la edad de ocho años quedó huérfano tras el triste fallecimiento de estos. Una desgracia tras la que fue acogido por su abuela y tía materna: Gabriela Augusta de Resende y Ritinha. Su tía, Ritinha fue la persona que más influyó en Ary, especialmente en lo que al género musical se refiere. Con doce años y gracias a las clases de piano y solfeo de su tía ya era pianista profesional, acompañando películas mudas en el Cinema Ideal, de Ubá.

 En 1920 y tras el fallecimiento de su tío Sabino Barroso, ex-ministro de Hacienda recibió una jugosa herencia de 40 contos (millones de reis), que derrochó en la noche de Río en un abrir y cerrar de ojos. Dicha circunstancia en principio podría parecer un despilfarro inútil para un chico de 17 años que intentaba labrarse un futuro en Rio, donde estudiaba derecho y estaba bajo la tutela del Dr. Carlos Peixoto, pero aquella etapa de fiestas y farras nos permitió disfrutar de la música y la improvisación de Ary Barroso. Y es que Ary no tuvo otra opción que dedicarse a la música, para paliar tremendo despilfarro y su delicada situación económica.

 Ary se entregó por completo a su gran pasión: la música,  trabajó como pianista en el Cinema Íris, en Largo da Carioca, y luego en la sala de espera del Teatro Carlos Gomes con la orquestra del maestro Sebastião Cirino. En 1926 retomó los estudios de derecho y tres años después se hizo abogado, se casó con su novia Ivonne y tuvo su primer éxito musical: “Vamos Deixar de Intimidade”.  Ary Barroso se encontraba a las puertas del éxito cuando recibió la propuesta de su tío Ignacio Barroso diputado estatal, de ejercer como juez en Nova Resende, pero para entonces el genial Ary ya había decidido ser músico.

Así comenzó la carrera musical de uno de los genios de la música y la samba brasileña, un hombre del que dicen los brasileños que creyó ser Brasil cuando compuso la mítica canción “Aquarela do Brasil”, tema que lo consagró en USA al ser incluido con el título de “Brazil” en la película de Walt Disney “Saludos Amigos”, en 1942. A mediados de los años treinta comenzó a trabajar como locutor de radio en Radio Philips de Rio de Janeiro, luego en Radio Cosmos de São Paulo y asumió la dirección de su primer programa en solitario en Radio Cruzeiro do Sul, RJ. Su vinculación a las transmisiones deportivas comenzó en el circuito de automovilismo de Gavea, Ary retransmitía carreras de coches y luego vio realizado uno de sus sueños, cuando le otorgaron la posibilidad de convertirse en narrador deportivo y radiar los partidos de la selección y de Flamengo, su amado club.

 Su primera retransmisión en el extranjero fue en 1937, con la selección brasileña en juego, en la Radio Cruzeiro do Sul, en un Argentina-Brasil del Suramericano de aquel año. En dicho encuentro, Brasil, al que le valía el empate, cayó por dos goles ante el planteamiento defensivo planteado por el técnico Pimenta. Pero lo verdaderamente curioso aconteció alrededor de la figura del genial Ary Barroso. En un lance del encuentro Zozaya entró con los dos pies a Jaú y le fastidió la clavícula, en aquellos tiempos el médico no acompañaba al equipo, por lo que Jaú se acercó hasta Ary y le pidió a este que le dejara la corbata para hacerse un apaño y poder seguir jugando los restantes 45 minutos. Ary Barroso por su parte sufrió lo indecible en aquel encuentro, puesto que llegó incluso hasta perder el sentido tras un tirón de los hinchas argentinos del cable del micrófono, una maldad que le produjo una dolorosa herida en su mano y que obligó a Gagliano Neto (compañero de retransmisión) a acabar la retransmisión.

 Ary no era nada neutral su parcialidad por Flamengo era conocidamente escandalosa, algo que le hizo ganarse incondicionales filias e irreconciliables fobias (fue vetado en el campo del Clube de Regatas Vasco da Gama). Era torcedor de Flamengo desde muy pequeño y en aquella época se hicieron muy famosas aquellas retransmisiones en las que Ary Barroso recurría a una gaitinha (una pequeña trompeta) para anunciar que Fla había marcado. Cuenta la historia que el popular cantante tuvo que recurrir a dicho recurso para evitar que los aficionados del equipo rival encolerizaran ante el énfasis que ponía Barroso cuando cantaba gol de Flamengo. Llegó a hacer locuras por radiar encuentros, con  ocasión del Campeonato Sudamericano de Uruguay, el también recordado Oduvaldo Cozzi, obtuvo la exclusividad para el mismo, pero Ary con el apoyo de sus amigos viajó de incógnito a Buenos Aires y a través de un locutor argentino, Ary Barroso estuvo presente en aquel Campeonato haciendo sonar la “famosa gaitinha do Ary”.  Ary fue Jefe del Departamento Deportivo de Rádio Tupi y del “O Jornal”, donde escribía una columna diaria sobre las cosas del fútbol.

 Cuentan que su retransmisión era todo un espectáculo y aunque su parcialidad era manifiesta los brasileños lo recuerdan con gran cariño y como dicen en Brasil llegaron a torcer por él. Posiblemente no haya sido el mejor narrador deportivo de la historia de su país, pero Ary logró transmitir a los oyentes la emoción del fútbol al salón de sus casas. Su locución era un viaje a medio camino entre la crónica periodística y el relato de ficción, dos ingredientes que le servían para retener al oyente en sus asientos y hacerlo saltar en el momento decisivo. Sin duda un relato hablado con diversas versiones de un mismo acontecimiento en el que el tono empleado y el énfasis eran elementos fundamentales para situar al oyente en la acción. Un locutor genial que destacó por la fluidez de su lenguaje, por su capacidad descriptiva y por el conocimiento de la materia futbolística.

Ary que llegó a realizar cerca de 264 composiciones musicales, paralelamente también trabajó en la televisión con su programa llamado “Encontro com Ary”. Siguió con su particular pasión en las ondas hasta 1950, cuando tuvo que vivir en directo el fatídico Maracanazo. Ary Barroso fue la voz de Brasil en aquel Mundial y confiaba como todos sus paisanos en que el mejor equipo de aquel Mundial se hiciera con el título, pero Obdulio Varela y sus compañeros se encargaron de frustrar el sueño brasileño. Como muy bien relata Eduardo Galdeano en su libro “El fútbol a sol y a sombra”; cuando el brasileño Friaça anotó el primer gol de aquella histórica final, un trueno de doscientos mil gritos y muchos cohetes sacudió al monumental estadio. Pero después Schiaffino clavó el gol del empate y un tiro cruzado de Ghiggia otorgó el campeonato a Uruguay, que acabó ganando 2 a 1. Cuando llegó el gol de Ghiggia, estalló el silencio en Maracaná, el más estrepitoso silencio de la historia del fútbol, y Ary Barroso, el músico autor de “Aquarela do Brasil”  y también de la popular “Bahia”, que estaba transmitiendo el partido a todo el país, decidió abandonar para siempre el oficio de relator de fútbol.

 Fue así como la melódica voz de Ary Barroso calló para siempre y desapareció de las ondas para desgracia de Brasil y Flamengo, un hombre que se convirtió en uno de los personajes más queridos de Brasil, que se dedicó también a la política y que desde su cargo de concejal de Río de Janeiro, fue uno de los impulsores de la construcción del Estadio Maracaná. Aquel que en 1955 recibió la Orden Nacional del Mérito, máxima distinción otorgada por el gobierno de su país. Su estridente gaitinha  y su melodiosa composición vital, dejaron de sonar un 9 de febrero de 1964, en un domingo de carnaval, cuando Ary, uno de los mayores artistas de la historia de Brasil y la voz de Gavea, fallecía a la edad de 61 años entre los acordes de Acuarela do Brasil.

Fuentes:

http://www.mpbnet.com.br/musicos/ary.barroso

http://www.samba-choro.com.br/artistas/arybarroso

Mariano Jesús Camacho.