Nadeshiko (撫子) es el nombre de una pequeña y bella flor japonesa llamada científicamente “Dianthus barbatus”. De color blanco y rosa, su belleza extrapola la sabiduría de la naturaleza a una conducta humana. Concretamente a la conducta femenina tradicional en la cultura japonesa, representada a través del término Yamato Nadeshiko, utilizado como arquetipo ideal de la belleza femenina: piel blanca, bonita, educada y elegante. Un término que además contiene otra serie de connotaciones y valores que creo merece la pena resaltar: la mujer en Japón además de ideal icónico de la belleza, como pilar fundamental y sostén familiar, debe representar decisión y valentía en la adversidad. En la cultura japonesa son alentadoras del jefe del hogar, y muestran tanto sensibilidad como dulzura hacia los más débiles además de una buena conducta, alejada de actitudes que puedan generar vergüenza en la comunidad o la familia.

Quizás por ello a las jugadoras de la selección femenina de Japón, que hicieron historia coronándose campeonas del Mundo en 2011, al derrotar a USA en una final épica en la que remontaron un marcador y una situación muy adversa, el apodo de “Las Nadeshiko” les vino como anillo al dedo. Y es que estas chicas por un tiempo se convirtieron en iconos de la reconstrucción física y espiritual de Japón tras el trágico seísmo que asoló tierras niponas. Y en aquellas telúricas tierras orientales, en Fuchū, Tokio, nació un 6 de septiembre de 1978 una de las “Nadeshiko” más ilustres: Homare Sawa.

Una mujer, una futbolista japonesa que demostró tal precocidad y talento en el manejo de la pelota que con tan solo 12 años debutó en la  L. League. Comenzó entonces la aventura futbolística de una elegante flor que desplegó por los campos de fútbol japonés la fineza de una jugadora que debutó con la selección japonesa en 1993, con tan solo 15 años y dejando para la historia del fútbol femenino cuatro goles ante la selección filipina.

Cuando el pasado 9 de enero en la Gala FIFA algunos vieron a una japonesa en la alfombra roja del fútbol mundial enfundada en un tradicional kimono japonés, muchos pensaron que era una exótica excentricidad de Blatter, que había contratado a azafatas japonesas, pero en realidad estaban contemplando a una excelsa futbolista enfundada en el kimono tradicional de la leyenda. Y es que a aquella mujer, a aquella Yamato Nadeshiko le había llegado por fin el reconocimiento mundial. Un poco tarde pero aun a tiempo, pues a sus 33 años y recurriendo a la aritmética podemos comprobar que lleva paseando su elegancia con un balón casi 21 años.

Más de dos décadas en las que Sawa acumuló 173 internacionalidades y 80 goles, más la participación en las cinco últimas Copas mundiales de la FIFA (jugó su primer mundial a los 16 años en Suecia 1995), y tres JJOO en 1996, 2004 y 2008. La suya, una carrera a la que dio inicio en 1991, en las filas del Yomiuri Beleza, conjunto en el que jugó por espacio de siete temporadas, dejando para el recuerdo sus 79 goles en 136 partidos y sobretodo una clase y pulcritud con el balón en los pies que propició la salida de la elegante número diez japonesa al fútbol estadounidense.

En 1999 dio comienzo a su carrera en los Denver Diamonds, dándole continuidad a la misma en 2001 en las filas de Atlanta Beat, coincidiendo con el nacimiento de la Women’s United Soccer Association (WUSA), jugando al más alto nivel profesional.  Sawa, la pequeña número diez de apenas 1,64 m de estatura se hizo hueco por talento entre futbolistas de mayor altura y capacidad física.

Posteriormente con la desaparición de WUSA en 2003, el NTV Beleza, equipo de la central eléctrica la acogió en sus filas. Su genialidad y sus pequeños pero grandes pasos abrieron camino a su regreso a casa. En 2004 fue elegida Mejor jugadora del año para la Confederación asiática de fútbol y en aquella etapa de cinco años maduró futbolísticamente logrando cuatro títulos de la L.League en 2005, 2006, 2007, 2008 y una Copa en 2007. Su elevada técnica y su visión de juego unida a su buena lectura defensiva y ofensiva del partido la convirtieron en una de las mejores jugadoras del planeta.

Su capacidad de canalización del juego y su talento sobradamente conocido en USA y en el mundo del fútbol femenino, le sirvió para ser elegida en 2008 en la primera ronda del WPS International Draft de USA, por el Washington Freedom, conjunto en el que la pequeña número diez exhibió su calidad en la medular durante dos temporadas, antes de regresar de nuevo en 2010 a Japón y a las filas de su equipo, el NTV Beleza. En esta segunda etapa en el Beleza logró dos campeonatos más de la L.League, para luego culminar la preparación para el Mundial de Alemania en las filas del INAC Kobe Leonessa.

Su estelar concurso en el Mundial de Alemania de 2011, en el que su aportación fue decisiva para que “las Nadeshiko” se convirtieran en verdadero orgullo nacional de Japón, le sirvió para destronar a una leyenda como Marta en la concesión del Balón de oro, convirtiéndose así junto a Norio Sasaki seleccionador nipón, en los primeros asiáticos en conseguir el citado galardón.  Y es que Homare Sawa, la capitana nipona, dejó para los libros de historia un gran campeonato firmando un hat-trick y un gol, un toque sutil absolutamente vital que propició el tanto del empate en el tiempo extra de una emotiva final ante USA.  Una final en la que el equipo dirigido por Norio Sasaki, que siempre apostó por el fútbol de toque, pudo cumplir su sueño superando a USA en la tanda de penaltis. Sawa fue elegida Balón de oro del torneo y Bota de oro por sus cinco tantos superando a Marta, la eterna genial del fútbol femenino.

 Y como toda historia de superación a todos nos caló hondo en nuestro corazón la lucha, el sacrificio y la elegancia de “las Nadeshiko”, también las evoluciones de aquella elegante número diez. La veterana y menuda Sawa “Nadeshiko”, capaz de representar en frasco pequeño tanto el ideal de belleza, como el de lucha y superación de un pueblo que se vio reflejado en el trabajo de un grupo de chicas que con Homare a la cabeza demostraron que Japón reacciona de forma admirable ante la adversidad y el dolor. Pues ni la más devastadora irascibilidad de la Madre Tierra y sus fuerzas de la naturaleza, hicieron peligrar el desempeño habitual de una pasión que en el caso Sawa representa como vemos toda su vida. Y es que como dice Norio Sasaki, seleccionador japonés: “Sawa simboliza exactamente el estilo de fútbol que el equipo debe jugar. Desde hace 15 años, ha pertenecido al equipo nacional y representa toda la historia del futbol femenino en Japón.”

Mariano Jesús Camacho