Paseando por la pequeña gran Manchester, legendaria ciudad icono de la era Industrial, el bullicioso sonido de una revolución perfila los angulados trazados de mi camino. Mi vieja concepción de una bulliciosa ciudad de sombríos y urbanizados paisajes repletos de fábricas  comienza a cambiar cuando Picadilly Gardens, me muestra el corazón de Manchester y encauza mi camino hacia Albert Square, lugar en el que se erige el Manchester Town Hall, un maravilloso edificio de arquitectura neogótica que data de la Inglaterra victoriana.

Aquel viejo edificio en el que se ubica el Ayuntamiento de Manchester, la sede de gobierno de la ciudad, parece haber surgido de la viva imaginación y la pluma de J. K. Rowling. Observándolo con detenimiento tengo la sensación de que a través de una de sus ventanas un legendario personaje de novela me mira a través de sus gafas. Es Harry Potter, que posee las llaves de aquel edificio, el ilusionismo y la prestidigitación desde que a la edad de once años descubrió que había nacido para la magia.

Y en aquella gran Manchester, en la que aquel edificio victoriano podría haber inspirado a Rowling para escribir una de las sagas más exitosas de la historia de la literatura inglesa, hoy otro joven posee no solo las llaves de la magia, sino también las del fútbol de la ciudad.

Su nombre David Josué Jiménez Silva y como el protagonista de la novela de Rowling, descubrió que era un mago a corta edad, con tan solo cuatro años, cuando hacía malabares con papas y naranjas frente a la casa de sus abuelos paternos, junto al puerto de Arguineguin. Una historia que comenzó justo en la puerta de aquella casa, donde David y su primo Ranzel volvían loca a su abuela ‘Antoñita la tirajanera’, que les hacía una pelota de trapo y los mandaba a jugar al callejón. A la edad de cinco años y aproximándose a su sueño como recogepelotas en el estadio de Arguineguin, sufrió la fractura de un brazo de un balonazo, una circunstancia que no minó un ápice su deseo de convertirse en futbolista, pues a los pocos días ya se le pudo ver por aquella banda con el brazo escayolado.

Nada más pisar la cancha verde de la calle Benito Pérez Galdós de Arguineguin, percibió que otro mago había dejado por su cemento la grandiosa estela de su actividad prodigiosa. Aquel mago era su paisano Juan Carlos Valerón, que le mostró el camino para encontrar la piedra filosofal y el libro sagrado del fútbol mágico.

Su prodigiosa concepción del fútbol era tal que cuentan que a la edad de ocho años su padre Fernando Jiménez, entrenador del Santa Águeda, conjunto semiprofesional, le dejaba al frente del equipo cuando le surgía algún imprevisto. Y a la edad de ocho años, su padre le llevó al Benjamín del San Fernando de Maspalomas porque en Arguineguin no había equipos de benjamines y David quería jugar a toda costa.

Posteriormente como Harry, el legendario personaje que surgió de la imaginación de Rowling, ingresó a en su propio Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, el CD Arguineguin… Aquel club verdiblanco en el que el fútbol de acento canario entroncó con la magia a través de la zurda de seda de David. Partiendo de esos conocimientos, David que tuvo que separarse de sus amigos traslado su talento a Paterna, ciudad deportiva del Valencia. Lo pasó mal y casi puso punto y final a su mágico sueño, se sintió solo en el reino de las sombras, pero su poder de gran mago pudo con todo y comenzó atisbar la luz y el camino hacia la soñada piedra filosofal.

Una vez superado aquel momento, el Valencia le cedió para que prosiguiera con su progresión y Silva comenzó a dejar la imborrable estela de sus trucos de magia con un balón por los campos de Segunda División, portando la camiseta del Eibar. Al siguiente año su magia le llevó a tierra de Meigas, a Galicia, a Vigo, maravillosa ciudad que históricamente rivaliza en magos, hadas, druidas y meigas con Coruña, y que en esta ocasión lo hizo igualmente, pues su paisano Valerón aún sigue ejerciendo de hechicero por el césped de Riazor. ‘Cousa de magos’, debieron pensar allí al verle debutar en Primera División con el Celta en la segunda mitad de un partido disputado en Balaídos, en el que los gallegos vencieron al Málaga 2 a 0.

Aquel fue el comienzo de otra temporada brillante, portando una camiseta de color celeste,  un curioso ‘dejavu Sky Blue’. Silva se consolidó en la titularidad y erigió como pieza básica de un equipo recién ascendido que logró a final de temporada el valioso billete para la UEFA. Así, en la temporada 2006/07 el Valencia recuperó a un sobresaliente aprendiz de mago, que en su primera temporada sacó a paseo su prodigiosa pierna izquierda para convertirse en uno de los más talentosos asistentes de la Liga española. Compañeros como Vicente, Villa y Morientes se convirtieron en cómplices del ilusionismo y la prestidigitación, dejándose llevar por sus pases y su mágico fútbol de acento canario. Su máster en bruixas y meigas para golear quedó especialmente plasmado con su gol al Inter en San Siro, o aquel otro que le hizo al Chelsea en Liga de Campeones.

Posteriormente en 2008 en una campaña convulsa a nivel deportivo e institucional en el Valencia,  Silva mantuvo el tipo hasta el final, demostrando que no existen límites para la magia, pues el Valencia conquistó la Copa del Rey.  Y en aquel inolvidable 2008, David Silva vivió la realización de un sueño y el final de una maldición, aquella que perseguía a la selección española, el Lord Voldemort particular de un equipo en el que David jugó un papel destacado por su versatilidad, intercambiando continuamente la posición de banda con Iniesta y logrando marcar en la semifinal ante Rusia. Un sueño que jamás olvidará…

Tras la Eurocopa saltaron todas las alarmas, pues su maravilloso tobillo izquierdo se quebró y acabó siendo prisionero de las sombras, pero uno de los magos de la medicina le devolvió intacto a los terrenos de juego tres meses después. La silueta de Silva regresó con toda su magia indemne, Mestalla siguió disfrutando de su toque sublime y su visión hasta 2010. Año mágico en el que David elevó al cielo sudafricano el cáliz de fuego del fútbol y dedicó su segundo gran título con la selección a una afición che que aún guarda emocionada en su memoria la evolución etérea de un zurdo que prologa un libro de magia en cada uno de sus pases.

 La historia de otro gran sueño que jamás olvidará y protagonizó aquel al que en Valencia buscan pero ya no encuentran, ese mismo que con la camiseta Sky Blue conquista hoy corazones citizens. Elegido con todo merecimiento como figura histórica representativa de la cantera del fútbol gran canario que tantas generaciones de talento nos ha legado. Un mago que dejó de ser aprendiz para convertirse en piedra filosofal de un equipo que encuentra en Silva el torrente imaginativo que les libera del rigor táctico de Mancio.

El Etihad Stadium, el Estadio Ciudad de Mánchester, Eastlands, abre hoy sus puertas a la magia de un canario que como el Manchester Town Hall parece haber surgido de la imaginación de J.K.Rowling. No se trata del capricho de un jeque, sino como dije, de la piedra filosofal de un equipo que a golpe de talonario rodea a un gran mago de hechiceros de la pelota.  Cuentan que a los alrededores del Etihad Stadium, un misterioso trovador vocea y reparte octavillas que se difuminan en el aire a los pocos segundos: ¡Pasen y vean a David Silva, el Harry Potter del City, el mayor prestidigitador de la pelota!

Una vieja canción de Oasis suena en Eastlands, es “Whatever” (Cualquier cosa), la libertad para ser, para decir, para jugar, para soñar. El fútbol de Silva, un mensaje atemporal y positivo de un niño que juega a ser mago y un mago que juega a ser niño, aquel que a veces nos hace dudar si lo que realmente estamos viendo corresponde a una de las brillantes ideas de Rowling.  El Harry Potter citizen, la demostración física de cómo se llega al arte y la magia a través del pase. Un joven que tiene en su poder las llaves del fútbol de la ciudad de la Industria y parece salir cada día del maravilloso Manchester Town Hall para asociar sus encantamientos con Dzeko, Nasri, Touré, Agüero…

Mariano Jesús Camacho