Miércoles 16 de enero de 1957, Bilbao tirita en una gélida tarde de invierno. Son las tres y media de la tarde, la nieve cae a plomo sobre el estadio San Mamés, la grada aguarda ansiosa la salida a un blanco y embarrado terreno de juego de su Athlétic y de aquel equipo inglés de Manchester que llega con la fama de ser uno de los mejores conjuntos de la época. Se les conoce como los Bubsy Babes, pero el Athlétic no conoce reto insalvable, mucho menos los pupilos de aquel caballero de implacable imagen que luce un elegante sombrero de fieltro gris perla y les suelta su última arenga en los vestuarios de la Catedral.

Aquel caballero es Fernando Daucik, cuñado de Ladislao Kubala, al que dirigió en aquel Barça de las Cinco Copas. El técnico eslovaco genera en la afición del Athlétic tantas filias como fobias, pues Daucik es todo un personaje, un tipo que rompe moldes. Vanidoso, locuaz e inteligente, siempre dejó su sello táctico y una estela de polémica que siempre le acompañó. Sus decisiones táctico técnicas fueron tan brillantes como discutidas, pues en más de una ocasión se le atribuyeron tanto grandes victorias como estrepitosas derrotas.

Un buen ejemplo de todo ello constituyó la eliminatoria de cuartos de final de Copa de Europa disputada entre el Athlétic y el United hace aproximadamente 55 años:

El Manchester United, el equipo de Sir Matt Busby, mejor conjunto de las Islas y uno de los mejores de Europa se cruzó en el año 1957 en el camino de los leones, que afrontaron el partido de ida con la baja de Maguregui y la del delantero Arieta I, el “Torito.

El Athlétic formó con: Carmelo,Orue,Garay,Canito,Etura,Mauri,Artetxe,Markaida,Merodio,Uribe,Gainza

Mientras que el Manchester saltó a la Catedral con el siguiente once: Wood,Foulkes,Byrne,Colman,Jones,Edwards,Berry,Whelan,Taylor,Viollet,Pegg

Etura y Merodio suplieron a los lesionados, bajo una intensa nevada el Athlétic pasó por encima de los pupilos de Busby en una excelente primera mitad, en la que un tres a cero histórico dejó contra las cuerdas a los diablos rojos. Dos goles de Uribe y uno de Markaida, llevaron el delirio a aquellas gradas repletas de valientes, que sobreponiéndose a las inclemencias climatológicas, fueron testigos de uno de los partidos más legendarios de la historia del club.

Aquella tarde de enero en la que sobre huellas de nieve quedó impresa la impronta legendaria de un gran club, los chicos de Daucik sorprendieron a los Busby Babes. Hoy, 55 años después, aquellas huellas son rescatadas del archivo para recordar el único y estelar precedente de esta histórica confrontación.

Aunque en la segunda mitad “Los Busby Babes” debidamente aleccionados ante una hipotética debacle, reaccionaron acortando distancias con goles de Taylor y Viollet, el Athlétic siguió imponiéndose con goles de Merodio y Artetxe, que dejó en el quinto gol la firma y clase de un poeta rebelde. A cinco minutos del final el Athlétic vencía con un contundente 5-2, pero un gol de Whelan en un descuido defensivo dejó el tanteo final en un histórico y legendario 5 a 3. Un inolvidable marcador dibujado sobre el maltrecho césped de la Catedral, que aquella tarde tan solo pudo intuirse bajo un manto blanco de nieve embarrada que sangró leyenda por  cada centímetro de sus líneas rojas.

De esta forma el Athlétic se llevó a Manchester una renta de dos goles y la seguridad de que podían doblegar a los pupilos de Busby. El terreno del United se encontraba en obras por lo que la vuelta se disputó en el estadio del City, el desaparecido Maine Road. 65.000 diablos rojos abarrotaron y sembraron de estridencia unas gradas que posiblemente llevaron en volandas a los “Busby Babes”.

Daucik recuperó a Maguregui y en una de aquellas decisiones tácticas tan discutidas, decidió colocar a Etura como delantero centro para reforzar el trabajo de contención. El Athlétic salió a no perder, a mantener su renta y aunque mantuvieron casi 45 minutos el cero a cero en el marcador, el planteamiento les avocó al suicidio. El United les pasó por encima como un huracán, desde el primer minuto fueron a por el partido y el milagro solo fue posible hasta el minuto 43, cuando Viollet abrió el marcador y el camino de la remontada para el conjunto inglés.

Artetxe y Gainza estuvieron inéditos, Etura perdido, y la línea media compuesta por Mauri-Maguregui, perdió en todo momento la partida ante Duncan Edwards y Colman. A los setenta minutos Taylor empató la eliminatoria y, aunque el Athlétic mantuvo la esperanza hasta el final pensando en un partido de desempate a disputar en París, a seis minutos del final Berry, firmó la remontada del United.

Aquel gol despertó al Athlétic del sueño de la ida disputada en San Mamés, un sueño que acabó convirtiéndose en pesadilla en Maine Road, donde el conjunto vasco se citó con la historia enfrentándose en doble duelo a uno de los mejores conjuntos de la época, aquel al que tan solo unos meses después una tragedia aérea arrancó y arrebató el esplendoroso futuro de una irrepetible generación.

Más de medio siglo después leones y diablos rojos vuelven a citarse con la historia en la Europa League. Old Trafford y San Mamés vestirán sus mejores galas para acoger uno de los duelos más atractivos de la temporada, pues el mero hecho de conocer que ocho mil seguidores acompañarán en el Teatro de los Sueños al Athlétic, ya nos basta para hacernos una idea de lo que este duelo significa para los aficionados del histórico club vasco. Un duelo que espero y deseo comience como un sueño muy real para el Athlétic y, a diferencia de lo que sucedió 55 años atrás, no acabe convirtiéndose en pesadilla para los que hoy quisiera bautizar como Bielsa Babes.

Mariano Jesús Camacho