El estudio de la verificación de las fichas por parte de La Vanguardia y el FC.Barcelona en referencia a los goles anotados por el mítico César Rodríguez entre 1942 y 1955, arrojó que ‘el Pelucas’, aquel excepcional goleador y sobre todo excelso cabeceador leonés, había anotado 232 goles, por lo que en las horas previas al encuentro ante el Granada se anunció que Lionel Messi se encontraba a tan solo dos goles de superar al mítico delantero centro leonés, como máximo goleador histórico en partidos oficiales de los 113 años de existencia del club.

Y con aquella nueva quimera en la mira telescópica de su insaciable leyenda saltó el de Rosario al Camp Nou. No nos sorprendió Leo cuando en el minuto 17, acomodó su pie izquierdo, para sin dejarla caer en un disparo muy complejo, colocarla lejos del alcance del portero Julio César e igualar a otro César. Y menciono a Julio César con toda la intención, porque mucho me temo que esta historia narra la leyenda de dos emperadores, pues entre Césares anda el juego en esta ocasión.

Si César Rodríguez, componente de la mítica delantera del Barça de las Cinco Copas (César, Kubala, Moreno y Manchón) fue el emperador prosaico del gol del Barça durante la friolera de 57 años, podría hacer referencia a otro gran emperador romano como “Cayo Julio César” para titular una nueva proeza del emperador poético rosarino. Y es que el record de César cayó como fruta madura de la excelsa zurda de Messi, que hizo un nuevo hat-trick para superar al mítico delantero leonés. También para dejar la sensación de que si no se hubiera llevado a cabo el citado estudio estadístico, Messi habría sido capaz igualmente de hacer cuatro o cinco goles para superar a la leyenda y convertirse en el máximo anotador de la historia culé.

Pues Messi que posee una nariz grande y recta, con perfil de emperador romano, laurea el fútbol cada vez que entra en contacto con la pelota, en aquel instante su subconsciente pronuncia las dos más célebres frases de Cayo Julio César: Ab imo pectore (Con todo mi corazón) y  Alea iacta est  (La suerte está echada). Porque Leo siempre jugó con el corazón y porque cuando sus rivales le ven llegar, piensan resignados que la suerte está echada.

Por ello siendo testigo privilegiado de este diálogo legendario del gol, de emperador a emperador, de César Rodríguez a Leo Messi, nuevo emperador azulgrana del gol, solo nos queda sentirnos afortunados de una coetaneidad, para la que hace largo tiempo agotamos todos los adjetivos calificativos posibles. Simplemente y conociendo que tu leyenda será inmortal, nosotros los mortales únicamente acertamos a decir: Ave, Messi, morituri te salutant» (Salud, Messi, los que van a morir te saludan).

Y ante semejante grandeza rendimos pleitesía a tu abrumadora firma futbolística, ante una sentencia romana que bien podría haber sido rosarina, la exclamación de aquel que creó los cimientos del futuro sistema Imperial azulgrana: Veni, vidi, vici – Vine, vi y vencí.

Mariano Jesús Camacho

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