Decía Martin Luther King: “Si un hombre es llamado a ser barrendero, él debería barrer como Miguel Ángel pintaba, como Beethoven componía música o Shakespeare escribía poesía. Él debería barrer las calles de tal forma que todo el mundo en el cielo y en la tierra se detendría y diría, aquí vivió un barrendero que hizo bien su trabajo”. Y es que como bien defendía Luther King, en el terreno del trabajo, de la profesión, cada uno de nosotros, cada cual desde su lugar, importante o humilde, tenemos una importancia capital. Y aunque esta importancia sea impersonal, pues  la empresa funcionaría con este gerente o el otro; con este obrero o el otro, hay obreros, hay barrenderos, que en su humilde oficio dejaron huella y demostraron poseer una importancia capital.

Y este fue el caso de José María Zárraga, la personalidad del “Cinco Copas”, un futbolista de contención que hacía el trabajo sucio y vital para un equipo que solo miraba la portería contraria. En su caso y entrando en el terreno de lo afectivo, donde cada uno tiene una importancia absoluta y conforma un mecanismo completo, quisiera dedicar estas líneas de recuerdo a su irreparable e histórica pérdida. Pues en el terreno de la leyenda e historia del Real Madrid de Di Stéfano, este peón del fútbol resultó ser un protagonista irremplazable.

Nacido en Las Arenas (Vizcaya, Municipio de Getxo), el 15 de agosto de 1930 modeló sus poderosas piernas en las playas de Vizcaya, dando inicio a su carrera deportiva jugando con el equipo de su colegio, Los Escolapios. De ahí pasó al Acción Católica de Las Arenas, cuadro que alternó con el club Ibarra, de primera regional.  Firmó su primera ficha profesional con el Ibarra, equipo de Erandio, en 1947. Después en 1948 pasó al Arenas de Getxo.

Un año más tarde, en 1949 se trasladó a Madrid con tres objetivos muy claros en su cabeza: proseguir la carrera universitaria –quería ser médico-, hacer el servicio militar y seguir jugando al fútbol. Finalmente esta última ocupación se impuso sobre los estudios y fichó por el Real Madrid, que lo cedió al Plus Ultra, donde fue capitán del equipo y evolucionó como jugador.

Tras dos temporadas en el Plus Ultra, se incorporó al conjunto blanco, donde hizo su debut ante el Valencia, el 14 de octubre de 1951, en la posición de extremo derecho. El uruguayo Héctor Scarone, su primer entrenador en el Real Madrid, lo quiso probar en la citada posición, repitiendo demarcación a la jornada siguiente con el Valladolid, pero no cuajó. Zárraga le pidió a Scarone que desistiera y, a partir de entonces ocupó ya el puesto de medio volante izquierdo, en el que se haría famoso jugando junto a Muñoz, que hacía las labores ofensivas mientras que el vizcaíno cumplía con las de contención. Su primer partido como medio izquierdo lo jugó ante el Barcelona, conjunto al que el Real superó con un contundente 5-1.

 Desde esa posición se convirtió en la personalidad del “Cinco Copas”, un peón de contención que jugó siempre algo retrasado y cubrió las espaldas a los cracks madridistas. Aquel que se hizo famoso por su habilidad para secar a la figura del conjunto rival y por su enorme personalidad en el terreno de juego. A lo largo de su carrera se le recuerdan excepcionales marcajes sobre Kopa en la Copa Latina, sobre Wilkes, figura del Valencia al que secó en la campaña 53/54, en un partido que le dio el título de Liga al Madrid, o por ejemplo el marcaje que le hizo a Bentley en su estreno con la selección. Una selección española con la que debutó en 1955, en el Santiago Bernabéu, ante la Pérfida Albión, Inglaterra (1-1), formando en la media con Mauri.

El poderío físico y la personalidad de Zárraga le hicieron ganarse el respeto de los rivales, que deseaban que no jugara, aunque no precisamente por su juego duro, pues el madridista no fue expulsado nunca durante su carrera. Zárraga basaba su eficacia en la colocación y en su gran capacidad física y, aunque quisieron colgarle el sambenito de jugador duro las estadísticas hablan absolutamente a su favor.

 Zárraga se convirtió en el capitán del Madrid tras la marcha de Juanito Alonso, lo mismo que lo fue del Plus Ultra, de la selección de Madrid y de la selección española. Aportó su enorme personalidad y su gran capacidad humana, ya que era apreciado por todos sus compañeros. Por ello su marcha además de un acontecimiento luctuoso para la historia del Real Madrid afecta al terreno afectivo, pues José María además de un gran jugador siempre fue una persona muy querida.

 En las filas del Madrid jugó 527 partidos durante once temporadas, como capitán, alzó las Copas de Europa de 1959 y 1960. Su palmarés es absolutamente abrumador: seis Ligas, cinco Copas de Europa, una Copa Intercontinental, dos Pequeñas Copas del Mundo y una Copa Latina. Su despedida oficial se produjo el 19 de septiembre de 1962, con un partido homenaje en el que el Madrid se enfrentó al Manchester.

Siguió vinculado al fútbol desempeñando su labor como entrenador en Málaga y Murcia, para luego ejercer como gerente en el propio Málaga, Valencia y Alavés, conjunto este último en el que fue pieza vital para la incorporación al conjunto vitoriano de un tal Jorge Valdano.

Y es que como pieza de la maquinaria del fútbol, aun siendo de rango menor, aun siendo como dijo Martin Luther King, un hombre llamado a ser barrendero, barrió como Miguel Ángel pintó, como Beethoven compuso música o Shakespeare escribió. Y seguro que tanto en el cielo como en la tierra, hoy se detendrán y dirán: “Aquí vivió Zárraga, el pulmón del ‘Cinco Copas’ un barrendero (volante y peón de contención), que hizo tan bien su trabajo que la historia jamás le olvidará”

Mariano Jesús Camacho