En la previa del clásico quise establecer un paralelismo histórico entre el choque por la Liga entre los dos pesos pesados de nuestro fútbol y el mítico combate de boxeo disputado en Quezon City por Ali y Frazer, recordado como ‘Thrilla in Manila’. Y lo cierto es que si en aquel combate, Ali y Angelo Dundee salieron campeones, no es menos cierto que la historia pudo ser bien diferente, si Angelo Dundee (preparador de Ali) hubiera arrojado la toalla en aquel fatídico asalto 14, en el que su pupilo estuvo al borde del colapso. Y es que posiblemente, de no haber mediado aquel gancho de izquierda de Ali, su victoria se habría visto muy comprometida, pues un exhausto Muhammad Ali, con Frazer vencido, llegó a exclamar lo siguiente sabiéndose ya campeón: “Quitadme los guantes no puedo pelear un solo segundo más”

Y así en nuestro ‘Thrilla in the Camp Nou’ particular, a diferencia de lo sucedido en aquel combate de Manila, Joe Frazer golpeó primero a un campeón al que se le pudo intuir desde su alineación, que acudió su cita con el destino con un último hálito de vida en Liga y exclamando su célebre frase de extenuación. Por su parte Frazer, (el Real Madrid)  que golpeó primero, lo hizo en dos ocasiones. La primera con la alineación, en la que a mi juicio Eddie Futch (Mourinho) presentó un equipo más acorde con la situación y la diferencia con la que llegaba al clásico, mientras Guardiola (Dundee, al que no sería justo reprochar nada) arriesgó quizás demasiado dejando en el banco a futbolistas con mucho peso en su equipo. Y sobretodo desplegando un juego con mucho control y superioridad en la media, pero sin ritmo, previsible y poco fluido. Tan solo inquietando en incursiones por banda, pero carente del gancho de izquierda que tanto ha echado en falta en esta temporada.

Como dije el Madrid que golpeó en dos ocasiones y como virtual campeón que reclama el trono y el cinturón, lo hizo con sus dos decisivos goles. El primero aprovechando su poderío y superioridad en el juego aéreo, del que sacó petróleo a un rechazo cazado por Khedira. Y el segundo el gancho de derecha de Smokin Frazer Ronaldo, que justo tres minutos después del gol de Alexis para el Barcelona, hizo un desmarque de libro y aprovechó una genial acción de Ozil, metrónomo del Real Madrid, que conoce los secretos del tempo del pase. Un pase que Ronaldo elevó a la historia y leyenda del Real Madrid, firmando su gol individual número 42 y el colectivo número 109. Un golazo que vale una Liga, pues en aquel minuto 73 el Barça arrojó la toalla y, Frazer Ronaldo, demostró por qué es el único futbolista que le puede pelear el balón de oro a un vigente rey del fútbol al que se le vio impotente, desconectado y fatigado.

La excelencia dio paso a la urgencia, las musas abandonaron a los duendes del balón, la geometría pitagórica del Barça estuvo ausente y avocada al guion soñado por Mourinho. El Madrid desfiguró al Barça, pues tuvo más presencia física, menos urgencias, más pegada y control de la situación. El aspirante Frazer, ganó a lo campeón, esta vez Eddie Futch (Mourinho) cambió la historia y no tuvo que arrojar la toalla. Y tras ganar a un Barça que llevaba 54 partidos sin perder en el Camp Nou, seguro que se le pasó por la cabeza exclamar la frase que hizo célebre en Manila: “Nadie olvidará jamás lo que hiciste hoy aquí”

Y es que a mi juicio este imponente Real Madrid, virtual campeón de Liga, es el único capaz de reclamarle el trono a un histórico Barcelona que nos hizo soñar con un fútbol perfecto y que ahora extenuado mide sus fuerzas con el transitar del tiempo y el destino.

Por ello nadie olvidará lo conseguido por el Real Madrid, pues además del cómo se consiguió, siempre se valorará ante el rival que se consiguió, pues en aquellas mil lágrimas, mil sonrisas, que hoy dibujan su cascada de color por el lienzo de la derrota azulgrana, y la victoria blanca, el fútbol nos dio una lección más al mostrarnos la dualidad de un equipo inmortal, que mostró su mortalidad a través de la cara más amarga.

El Barça ya es mortal, lo conseguido por este equipo hace tiempo que pasó a la inmortalidad del fútbol, su ADN sigue vivo mientras que el Real Madrid, campeón de record, busca ávidamente la inmortalidad que le lleve a rescribir la historia. Pero ojo en las acuarelas de las pasiones que visten al fútbol de emociones, aun nos aguardan instantes y choques legendarios por vivir. En tres días la cascada de color desbordará nuevamente sus mil sonrisas y lágrimas por el lienzo de la derrota, la victoria, pues estos dos campeones pondrán en juego nuevamente sus destinos ante Chelsea y Bayern. Ambos con la mente puesta en Múnich, donde si Barça y Madrid salvan los duros escollos que tienen por delante, podríamos revivir aquella mítica final del 74, en la que una pragmática Alemania y una total Naranja Mecánica, midieron sus fuerzas con el peso de dos estilos de juego en el incomparable lienzo de la leyenda.

Mariano Jesús Camacho