El archivo histórico del fútbol está repleto de historias ocultas y olvidadas, ávidas por contar su grandeza y verdad. En el polvoriento cajón del transitar del tiempo residen los legajos de la memoria hablada, que apoyados gráficamente por la hemeroteca de la prensa, que ejerce como notario documental, nos sorprenden cada día con un nuevo e increíble hecho verídico y nos dejan sin palabras, enfrascados en un profundo sentimiento de admiración constante por aquellos que por un motivo u otro dejaron su anónima e imperceptible pero imborrable huella.

Historias como la del guardameta Ángel Vázquez Lemus, cuya capacidad de fortaleza y superación se enreda entre mis recuerdos cual madreselva que trepa por la conciencia de aquel que disfruta de sus extremidades completas y cree que no podría vivir sin ellas. Y es que Vázquez Lemus, portero del fútbol mexicano amateur de los años 90, sufrió la amputación de su pierna derecha en un grave accidente automovilístico. Y en la citada hemeroteca, en un polvoriento cajón del recuerdo descubrí su historia apoyada en una noticia que comenzaba así: “El fútbol es algo único”, una sentencia que comparto pero que aun siendo veraz pienso que no es del todo correcta, pues a mi juicio la más acertada en este caso correspondería con la siguiente sentencia: “El ser humano es algo único”.

Cuenta la historia, su historia, que en aquel año 1993, Vázquez Lemus, regresó a los terrenos de juego tras dos años de recuperación y unípede, con una prótesis en su pierna derecha. Como tantos seres humanos que demostraron que la voluntad, la pasión, las ganas de vivir y la ilusión, constituyen el motor de superación del hombre, Vázquez ejemplificó la citada teoría al cumplir un sueño y su obsesión de volver a colocarse bajo los palos tras vencer un largo periodo de lucha y dos años de rehabilitación.

El instinto de supervivencia, el afán de superación del hombre nos reporta constantemente casos y ejemplos como el del anónimo portero del Talleres amateur mexicano. Kyle Maynard, estadounidense de 21 años, autor de «Sin excusas» y que, pese a nacer sin brazos (hasta los codos) ni piernas (hasta la rodilla) jugó al fútbol americano, fue campeón de lucha libre de Georgia y definió magistralmente la citada capacidad del hombre: “Todas las excusas que te pones para no hacer cosas, no son más que límites que te impiden superar tus retos”

Y Vázquez superó su reto recuperando su puesto en el club amateur mexicano Talleres de Córdoba, unípede, atajando toda suerte de disparos a puerta, constituyendo todo un ejemplo para sus compañeros, quienes nada más verle enviar a córner una bola que iba a besar las mallas, insuflados por la fuerza que les transmitía su querido portero avanzaban con honor y orgullo hacia la meta contraria.

Por ello de la crónica histórica quise recuperar esta noticia repleta de ditirambos y loas a las facultades del portero unípede, aquel que deleitaba a todos con el blocaje de balones altos, la ejecución de zamoranas y despejes de puño, y sobre todo la recepción de tiros a ras del suelo, que habrían sido complejos de neutralizar incluso para el legendario Zamora, que goza de la categoría de leyenda del fútbol y como tal aparece honrado justamente en el nomenclátor callejero de la Ciudad Condal. Y cuenta la crónica de ayer que Vázquez no fue goleado pese a su manifiesta inferioridad física, algo de lo que no pueden presumir ni los más grandes.

El caso de Vázquez no por anónimo carece de importancia, pues en el espacio y el tiempo jamás encontraremos precedente similar. El de un guardameta mutilado de extremidades inferiores capaz de retener o desviar por encima del travesaño los endiablados y envenenados disparos de los arietes rivales.

Aunque su historia amateur ha permanecido enterrada en el latente y lacerante olvido, en su momento tuvo gran repercusión. Una historia a la que Vázquez Lemus restó trascendencia y aportó mucha verdad sobre lo que sentía en aquellos momentos: “Yo no juego por mero exhibicionismo, sino por necesidad vital y lo hago con entusiasmo”

Un entusiasmo no exento de esfuerzo y de dolor, puesto que cuando su portería dejaba de estar asediada por los delanteros rivales, Vázquez buscaba el descanso reparador apoyado en los postes, pues sus intervenciones le obligaban a enormes esfuerzos y de ahí que sus compañeros procuraban alejar la pelota de los dominios de Vázquez a la procura de sus momentos de reposo, inclinado en uno y otro de los palos. La grandeza del caso, de su caso se mide con el entusiasmo de sus incondicionales seguidores, que calificaron como felinos los saltos de Vázquez, comparándolos con los que por aquella época hizo célebres Paco Buyo, el “Gato de Betanzos”.

Y en el fútbol amateur mexicano de Talleres de Córdoba le pierdo la pista a Vázquez Lemus el portero unípede, aclamado por los seguidores de un fútbol anónimo en el que demostró que “El ser humano es algo único”.

Mariano Jesús Camacho