“Si Pitágoras hubiera tenido la suerte de vivir en esta era, hubiera sido entrenador de fútbol, porque el fútbol es geometría, apertura y cierre de espacios, movimientos lógico matemáticos.”

La cita es anónima y goza de la virtud de unir cultura y deporte, de llegar al fútbol a través de la cultura citando a un legendario personaje universal como Pitágoras de Samos, filósofo y matemático del siglo VI a.C. que impartió su filosofía científica en Samos y Crotona. Para él, todo era matemática, y su docencia estaba dirigida a todo tipo de personas, sin ningún tipo de discriminación social, racial o de género, tan solo con la condición de pertenecer a su escuela iniciática.

Su estudio y clasificación de los números resultó esencial en la evolución de las ciencias exactas y su escuela creó el Teorema por el que es conocido universalmente, el “Teorema de Pitágoras”. Aunque en su docencia y en su escuela pensaban que el mundo estaba configurado según un orden numérico, donde sólo tenían cabida los números fraccionarios, a través de su símbolo dieron con el número aureo.

Pep Guardiola

Partiendo de esta base y de esta cita os propongo el sano ejercicio contrario: desde el fútbol llegar a la cultura. Por ello me gustaría hablaros de Josep Guardiola i Sala, aquel que desde siempre y sin ser muy consciente de ello, llevó en su interior a un magnífico técnico disfrazado de gran futbolista. Perteneciente a la escuela iniciática de Cruyff –como Pitágoras de Tales de Mileto- el de Santpedor fue catalogado como filósofo o romántico del fútbol pero con la salvedad de que su filosofía estaba trabajada en base matemática. Tras aquellas bellas y buenas palabras que hablaban sobre la estética del fútbol, sobre la llegada al éxito  y a la victoria a través del buen juego, tras el modelo, la filosofía, la idea,  tras Pep, siempre subyació un trabajo de muchos años, de escuela.

Un trabajo cimentado en los conocimientos adquiridos en su carrera como jugador, en la que atesoró la sabiduría necesaria como para captar el mensaje de su maestro y acaparar las influencias positivas de todos sus técnicos. Por ello y con la pequeña dosis de fortuna que necesitan todos los genios para triunfar, se saltó el bachillerato y pasó de la antigua y desaparecida EGB a la Universidad. Y allí en su primer año de carrera comenzó -como Pitágoras- a construir un instrumento científico musical llamado Fc.Barcelona –monocordio-, con el que verificó su teoría musical, su teoría futbolística.

Su equipo a través del trabajo creó la Música universalis, y demostró la armonía musical, la relación precisa entre esta y los números, o lo que es lo mismo la relación precisa entre la estética, el buen fútbol -aquellas bellas y filosóficas palabras- y la victoria. De esta forma y con un sextete histórico completó la base de su estudio, de su trabajo y el de la escuela iniciática de Cruyff, aquella que encuentra en Pep Guardiola a su discípulo más aventajado, pero tras la que subyace el trabajo de numerosos preparadores y técnicos anónimos que trabajan y trabajaron en una misma línea en el fútbol base azulgrana.

Con semejante base de trabajo, tras el brillo cegador de 14 títulos de 19 en solo cuatro años, Pep Guardiola afrontó y consiguió coronar un reto aún mayor: el de superar a su maestro. Y es que Pep no solo mantuvo la filosofía, sino que mejoró los mecanismos de juego y motivación para multiplicar por mil los resultados. El ya ex técnico azulgrana logró evolucionar una idea en su momento catalogada como revolucionaria y, trabajó en la perfección matemática y musical a través de la afinación pitagórica. Aquella en la que Pitágoras de Samos creyó y con la que verdaderamente llegó a la inmortalidad, pues aunque el sabio griego creyera firmemente en la trasmigración de las almas, fue la trasmigración de la enseñanza la que lo encumbró.

Y es que la historia de este Barça ya inmortal, la del Barça de Pep, constituyó la mayor demostración física de que en el fútbol como en la vida, es la trasmigración de la enseñanza la que verdaderamente mueve al mundo, aquella que en este caso propició la más brillante transmigración del fútbol jamás conocida: “Aunque las enseñanzas de una persona sean muy buenas, para que cobren vida deberán ser transmitidas a personas de valor que sean capaces de grabar estas enseñanzas en su corazón, compartir la intención del maestro y llevar a cabo el proceso de aprendizaje con toda su vida. Por eso la relación Maestro-Discípulo es la única que permite al ser humano mejorar su vida y la sociedad.”

Mariano Jesús Camacho