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Cuando se formó, hace aproximadamente cuatro mil quinientos millones de años, la Tierra era una enorme bola en constante fusión con cientos de volcanes activos en su superficie, pero que albergaba en su interior la fuente de la vida en forma de vapor de agua. Luego el magma cargado de gases con vapor de agua, emergió a la superficie gracias a las constantes erupciones. Cuando la Tierra se enfrió, el vapor de agua se condensó cayendo nuevamente al suelo en forma de lluvia. De esta forma se puso en marcha el eterno ciclo del agua, líquido elemento capaz de hacer circular la vida allá por donde deja rastro de su paso.

Y en cierta medida todo lo acontecido tras el empate a uno ante Italia en derredor de la selección española, esta historia del tiempo y nuestra preciosa esfera azul, se me asemeja bastante a ello. Pues la enorme bola en constante fusión que es el fútbol, este maravilloso y jodido deporte que nos engancha, es capaz de generar volcanes dialécticos y debates espurios que saltan en mil pedazos en un solo segundo, pues en el rodar de la pequeña tierra del balón lo que hoy es negro, mañana puede ser blanco y viceversa.

En estos días cientos de volcanes activos que se generaron sobre la superficie de nuestra selección, orbitaron en derredor del debate del nueve y el falso nueve, obviando lo más importante que adorna a nuestro equipo: el planeta esférico guarda en su interior el talento, el vapor de agua, el más preciado de los tesoros que encuentra en la selección española a uno de los más firmes valores del fútbol actual. Pues han bastado diez minutos para que Fernando Torres, (del que sigo defendiendo que ha llegado a la Euro con esa chispa en su carrera y sus ojos que le transportan a un constante Deja vu), lo de por concluido. Y es que más que nunca Fernando y su gol, han venido como agua caída del cielo para la selección española, que en cada gota de lluvia, siempre irrepetible y con una nueva historia por contar, se ha reencontrado con aquella personalidad que la ha llevado a ser un referente futbolístico mundial.

Bajo mi punto de vista la luz de nuestra selección reside en que lo más grande se hará lo más pequeño y viceversa, pues nuestro equipo que forma parte del ciclo del agua y se siente cómodo y fluido en él, ha sido capaz de ganar de muchas formas y maneras, pero ineludiblemente con una sola idea y filosofía de juego que gira en derredor de la pelota y su rápida circulación. Una idea que encuentra en Silva, Iniesta y Xavi a las que considero las tres gotas de lluvia irrepetibles de esta generación, de un plantel que pudo permitirse el lujo de dejar en la reserva ante Italia a un delantero como Fernando y encuentra en su banco de suplentes a una nómina de futbolistas que a día de hoy serían titulares en cualquiera de las selecciones de la Euro.

Amigos es simplemente el eterno ciclo del agua, es la Tierra, la esfera, los volcanes activos, el magma, el vapor de agua y la lluvia serena que ha caído sobre el Arena de Gdansk. La fluidez y expresión artística sobre el tapiz verde de la historia, sobre el escenario mojado, la maravillosa circulación del balón, la banda sonora del fútbol, la majestuosidad de los cánticos irlandeses, “The Fields of Athenry”, pura magia del fútbol. España no ha dejado de ser porque jamás se marchó y el eterno ciclo del agua simplemente nos ha devuelto la visión de una España que está muy por encima de fútiles debates y encuentra en cada gota de lluvia un nuevo propósito y una nueva historia por contar. Es la lluvia que ciega los cristales y alegra la vida de niños en perdidos arrabales.

Es el fútbol, el ciclo del agua y el eterno rodar del balón…

Mariano Jesús Camacho