Desde los tiempos de Ricardo Zamora no se conocía en la vieja Europa a un portero con tanto carisma y poder de influencia generacional como Lev Yashin. Portero sobrio, elegante que pese a ser un innovador empedernido encandiló a los puristas con  su sentido de la anticipación y su agilidad, el perfil arácnido de Lev creó conciencia y consciencia de una evolución en la cruda posición del guardameta. De manos grandes, hombros robustos, Lev se lanzaba cuando era necesario, pero cuando lo hacía, el tiempo se detenía para degustar la técnica de un guardameta que dejó el sello y la impronta de un genio.

Un articulo que podéis leer al completo en El Enganche: Los porteros campeones de Europa