El suyo el vuelo y mortal aterrizaje de un atleta de bronce olvidado que demostró que el talento siempre vence, un hombre que persiguió brillantemente su destino y marcó la señal de su imborrable recuerdo en la vertical temporal del lejano año 1896. Aquel en el que un 24 de marzo, día de Pascua de Resurrección, el Barón Pierre de Coubertin vio cumplido su gran sueño al oír pronunciar de la boca del rey Jorge de Grecia las siguientes y rituales palabras en el estadio de Atenas: Declaro abierto los Primeros Juegos Olímpicos Internacionales de Atenas.

Un nuevo pasaje de la historia de que podéis leer al completo en Vavel Pasaje 17: James B. Connolly, el talento siempre vence

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