Más de cien mil poemas bombardean Londres desde el aire, la necesidad humana de cultivar cuerpo y mente diluvia sobre la villa Olímpica pues los JJOO ni son ni fueron únicamente deporte. Todo lo que vemos va más mucho más allá, hasta el punto de que Platón y Aristóteles llegaron a confeccionar en alguna ocasión de sus vidas una crónica deportiva. Recogiendo la cita de Pausanias nos topamos con Píndaro, poeta y músico de los JJOO clásicos, que demostró que el deporte no es concebible sin un acercamiento a la cultura, a la estética, al esfuerzo, la inspiración, el dibujo de las formas.

Pues en estos días las pequeñas cosas se arremolinan en derredor mío para mostrarme la importancia de que sin ellas jamás llegaremos a las grandes sensaciones de la vida. Y eso es lo que cantó, lo que contó Píndaro. Odas, himnos a los dioses, a sus antepasados, una verdad no escrita sino cantada, versada a la que Heracles dio forma con sus manos en honor a Zeus. No son otra cosa los Juegos, es Zeus rompiendo una cinta, elevándose sobre el cielo londinense, es el atleta hincando sus rodillas ante la derrota, la estética de las lágrimas y las perlas de una enorme sonrisa. Es poesía, pura poesía, metáfora, alegoría de jóvenes voladores cuyas cuitas y proezas, representan a la cultura, porque en el culto al cuerpo el espectador dibuja la estética de las sensaciones y el esfuerzo humano.

El antropomorfismo humano de las cosas y en la lírica de este aspirante a poeta que os escribe puede que encontréis los ojos de aquel que pincela la sincronización del ser humano y su esfuerzo por competir por trascender a la historia. Y es que los Juegos no son más que eso, una ávida necesidad de trascender. Es la prosopopeya que intuyo cuando veo lanzar un disco cual luna suburbana por el estadio Olímpico. Es sinestesia, la blancura silenciosa de las chicas de gimnasia, el frío ensordecedor de la brazada de los nadadores. Es el trance del velocista, la conexión con otras realidades del fondista, del maratoniano. Como ya dije es la luz del universo, es tragedia, soneto y verso, sobretodo verso…

Fue la fusión del cuerpo y la mente, del atletismo con la poesía, el canto y la danza, pues habéis contemplado mayor danza en la carrera, mayor canto en la rítmica y mayor poesía en el vuelo de un saltador de altura. Si sabéis distinguir los pequeñas cosas, reconoceréis sin duda que los Juegos siguen siendo lo de antaño, pruebas de atletismo que nos conducen inexorablemente al arte. Como la poesía de Píndaro, un arte complejo, que cantó y contó hazañas destinadas a sobrevivir al tiempo. Pura retórica y recursos estilísticos destinados a comparar al atleta con el mito, proclamando la inmortalidad de su alma

Es la sinécdoque de los brazos de Phelps, una parte física que representa la totalidad del genio. Son los segundos previos en los que el atleta concentrado sintió que había llegado la poesía a buscarle, la sombra perforada sobre el tartán a semejanza e imagen del misterio, la competitividad, al filo del funambulismo, en el que la derrota reparte decepciones y la victoria el color de la gloria y el olor de los laureles.

El deporte, los juegos son un corazón que se desata con el viento, es una historia de lucha que nos acerca a la eternidad, a la esencia de la vida y como nadie está exento de las derrotas lo verdaderamente importante es conocer las razones por las que se está luchando.

Disfrutad con esta óptica amigos pues deporte siempre fue poesía y en el deporte de la poesía seguro que encontraréis muchas de las respuestas que estabais buscando.