En un perdido y olvidado barrio senegalés más de una treintena de niños mitigan la escasez con sus pies descalzos o sandalias de goma y una pelota de plástico comprada por una vecina. Basta el rodar de aquel objeto esférico para colmarlos de alegría y un gran sueño. Al otro lado de aquel sueño, de aquel partido a pie del olvido, la desarmadora franqueza  de la verdadera Dakar, la verdadera realidad de la ciudad que emerge de la encrucijada del sol, desierto y mar, se muestra en la carne viva del barrio, de sus grandes problemas, suciedad, calles repletas de basura e infraestructuras absolutamente precarias que no soportan la temporada de lluvias.

Entre aquellas calles en las que el arenal acecha en los caminos, un 23 de junio de 1976, nació el mejor medio de contención del mundo de su generación, un chico que a los siete años tuvo que emigrar a Francia junto a su familia en busca de un futuro esperanzador y las oportunidades que jamás habría tenido en su Senegal natal. Hoy en cambio en la localidad senegalesa de Saly, cercana a Dakar, 90 jóvenes senegaleses con edades comprendidas entre los 13 y 18 años se aferran a una oportunidad única.

En las calles de Dakar, en el barrio de Medina los chicos siguen jugando descalzos entre la suciedad y la basura, pero al menos noventa de ellos tienen un lugar en el que soñar con una pelota y recibir una educación sin la necesidad de emigrar a miles de kilómetros de su casa. Es la academia de fútbol Diambars (Campeones), creada por Patrick Vieira en 2003, en la que a diferencia de los  inescrupulosos “agentes” que les ofrecen una mejor vida en la tierra prometida de las canchas de Europa, jamás serán abandonados a su suerte tras robarles ingentes sumas de sus escasísimos recursos económicos.

Es lo menos que podía hacer aquel que fue conocido como ‘La Boa’, un número cuatro absoluto, implacable, quitador, un medio volante de contención de época. Educado en Francia tanto humana como futbolísticamente, Patrick jamás renegó de sus orígenes, siempre mostró su orgullo de haber nacido en África: “Llevo a África en el corazón. Estoy orgulloso de mis orígenes, orgulloso de ser senegalés” “Si pudiera elegir, preferiría conocer antes a Mandela que a Pelé. Le diría que ha hecho mucho más fuerte a la gente”. Este sueño se hizo realidad en un recorrido por África con el combinado galo, cuando un Vieira muy emocionado estrechó la mano del Premio Nobel de la Paz de 1993.

Y es que este joven supo sacar partido de su doble nacionalidad consiguiendo que tanto Francia como Senegal estuvieran orgullosas de contar con la imponente sombra del pulpo de la media cancha. Se formó en la prestigiosa cantera del modesto Cannes, en la que ya iba para estrella a edad temprana. Su poderoso físico, y sus 1,91 de altura, le conferían una clara ventaja en referencia a los demás, pero quizás lo que marcó la diferencia fue que a las citadas cualidades, que llevaba de serie, se sumaron una serenidad clarividente con la pelota y una inteligencia táctica adquirida con los años y la experiencia. Fue un periodo de duro aprendizaje y sacrificio, que finalmente le llevó a convertirse en el amo y señor de su radio de acción, del pasillo de seguridad de la zona media.

Su debut en Primera División se produjo en las filas del Cannes, el 20/11/1993, en un Nantes 0-0 Cannes. En el modesto conjunto francés tuvo la suerte de ver a un joven genial llamado Zidane, de jugar junto a Johan Micoud. Aun le quedaba un largo camino por recorrer, pero ya se intuía que Francia había encontrado al sucesor natural de Didier Deschamps con el poderío físico de Marcel Desailly.

Permaneció en el Cannes hasta la temporada 95/96, en la que el Milan se hizo con sus servicios. En un principio recibió críticas por marcharse de Francia demasiado joven y en cierta medida tenían parte de razón, puesto que a Vieira, que era una gran promesa, aún le quedaba mucho por aprender. Patrick lo acusó en demasía, su estancia en el AC Milán resultó un rotundo fracaso pese a que el conjunto italiano logró el Scudetto esa misma temporada.

 Jugó tan sólo dos partidos con los italianos, aquella experiencia le sirvió para madurar y, cuando le llegó la propuesta de Arsène Wenger (que lo seguía desde los 16 años) para marcharse al Arsenal, no lo dudó un solo instante. Llegó en 1996, siendo un absoluto desconocido para los seguidores del Arsenal, que no confiaban demasiado en el francés, no así para Wenger. Vieira en cambio trabajaba su cuerpo sin descanso mientras tomaba nota de los sabios consejos del técnico alsaciano.

Desde un principio trabó una sincera amistad junto a Emmanuel Petit, con el que formó una sociedad absolutamente fructífera para ambos. Vieira disputó 43 partidos en su primer año como gunner con tan sólo 21 años y siendo debutante en la complicada Premier League. Pese a que su concurso en el equipo inglés fue vital para que el Arsenal saboreara las mieles del triunfo con la conquista de la Copa inglesa en 1998 y la Liga en 1999, Patrick pasó también por momentos delicados que le hicieron madurar a todos los niveles. Vieira saltó a los titulares de los periódicos por acumular expulsiones. Una suspensión de seis partidos por dos tarjetas rojas consecutivas fue el detonante para que el jugador francés, recapacitara y se convirtiera en un ejemplo para sus compañeros, hasta el punto de que se le confió el brazalete de capitán. El “capitán Vieira” logró lo jamás imaginado pues sucedió al intocable Tony Adams en el corazón de los hinchas gunners tras la retirada de este en 2002. De la desconfianza inicial de la grada de Highbury pasó a la predilección de una hinchada que celebró sus robos y pases a ritmo de “Volare”.

Internacional en todas las categorías inferiores, su debut con la selección francesa absoluta se produjo el 26 de febrero de 1997 en París, en un Francia 2-1 Holanda. Gozó del privilegio de jugar en la Final del Mundial-98, concretamente en el Estadio de Francia, el 12 de julio de 1998. Aquella tarde en la que Francia se coronó Campeona del Mundo, Vieira debió su presencia sobre el césped a la expulsión de Marcel Desailly, y a que Aimé Jacquet había querido amarrar el resultado. Pero, desde entonces, el “pequeño Patrick” se convirtió en grande de Francia, repitiendo éxito en la Eurocopa 2000 y mostrando sus credenciales a nivel internacional. En el 2001 fue Campeón de la Copa Confederación con la selección francesa. Participó también en el Campeonato del Mundo de Korea y Japón 2002, donde el equipo francés defraudó y cayó a las primeras de cambio.

Un imponente número cuatro paseó por el mítico Highbury su poderío, su claridad táctica y técnica durante nueve años. 407 partidos con la camiseta del Arsenal en los que futbolistas como Dennis Bergkamp, Thierry Henry, Robert Pires, Fredrik Ljungberg, encontraron en Patrick al sostén de un equipo que llegó a ser invencible. No en vano llegó a ser conocido como tal tras consagrarse campeones de la Premier League con 38 partidos invictos, llegando a 50 encuentros sin perder (algo que ningún club inglés había alcanzado). Otros como Fábregas vieron en la figura del número cuatro de origen senegalés a una referencia de la que aprender.

En 2005, diez títulos después (3 Premier) con la camiseta del Arsenal, decidió que había llegado el momento de sacarse la espina de la mala experiencia vivida en el Calcio. El Juventus pagó veinte millones de euros por su traspaso y en el conjunto bianconero no cuajó como se esperaba. Vieira vivió una convulsa temporada en la que la Juve perdió la categoría por motivos extradeportivos. Al siguiente verano fue traspasado por 10 millones de euros al Inter de Milán. En el conjunto neroazzurro fue de más a menos en las cinco temporadas que defendió la casaca del Inter. Las lesiones le castigaron en demasía y pese a que conquistó el Calcio y la Supercopa de Italia, el fútbol transalpino jamás pudo disfrutar de la mejor versión de ‘La Boa’ de Dakar.

El cuerpo no le respondía como antaño y lo intentó nuevamente en las filas del Manchester City, pero nuevamente las lesiones castigaron en demasía a un número cuatro espectacular. Aquel que a sus 35 años colgó su leyenda como icono de una posición para la que suele ser citado como referencia cada vez que un futbolista africano comienza a destacar en la zona media del terreno de juego.

Y de la zona media de nuestros recuerdos recientes, de la portentosa capacidad de un medio extraordinario con el poder de África y la educación deportiva, técnica, de la estilizada academia francesa, rescato a Vieira. En Dakar pocas cosas han cambiado, no hay campos de fútbol, ni zapatos, los niños son llamados a retirar la basura, pero África que tiene en la eternidad su destino encuentra la ilusión en la mirada de un niño que desborda su ilusión cuando el nombre de Vieira firma el pasaporte y visado de sus sueños, ingresar en la academia de fútbol Diambars (Campeones), creada por su gran referente futbolístico: Patrick Vieira ‘La Boa’ de Dakar.

Mariano Jesús Camacho