EFE

En los últimos días en las costas, en las playas gaditanas hemos vivido un fenómeno natural muy habitual que en cambio ha sorprendido por su virulencia. En los días que suceden a la Luna Nueva, una serie de mareas vivas generan una fuerte resaca marina, que en invierno pasan casi inadvertidas para el ciudadano de a pie, pero que en verano generan situaciones de elevado riesgo para los usuarios de las playas y los bañistas. Más de doscientos rescates contabilizaron los servicios socorristas y la protección civil. Y en cierta medida en el primer gran clásico de la temporada los aficionados, bañistas que apuramos el último tramo del estío y aun tenemos pegados la arena a nuestros pies, nos hemos sentido sorprendidos por la marea viva de dos equipos que han jugado a un más que aceptable nivel para la altura de la temporada a la que nos encontramos.

La Luna Nueva del fútbol, de la temporada nos trajo la marea viva de un Barça que fue mejor que el Madrid, especialmente en la primera mitad, en la que el conjunto de Mourinho se limitó a controlar la parcela ofensiva sin salir prácticamente a buscar la portería de un rival, que como la Luna llegó con su rostro habitual, pero con los aires nuevos de una continuidad llamada Vilanova. Y como aquella tarde de resaca en la costa gaditana, la marea viva del encuentro nos sorprendió en la segunda mitad con numerosos rescates que cambiaron el rumbo y devenir de los acontecimientos. En el minuto 55 Ronaldo salió al rescate de su equipo con un soberbio cabezazo para hacer el 0-1 y su cuarto gol consecutivo en un clásico, pero tan solo dos minutos después, Pedro rescató al Barcelona tras un gran pase de Mascherano a la espalda de Coenträo.

Fue entonces cuando los rescates se sucedieron unos tras otros, Andrés Iniesta tomó los hilos del fútbol para rescatar al Barça una vez más con dos acciones marca de la casa, la primera provocando un penalti que transformó Messi, rescatador de la remontada y, la segunda con una acción de genio (previo pase extraordinario de Busquets), uno de sus habituales trucos de magia con el que dejó solo a Xavi ante Casillas, que definió con el talento y la calidad que atesora.

Para entonces el encuentro, que para el disfrute de todos transcurrió en un clima de absoluta y sana rivalidad deportiva, entró en una fuerte marejada, una fuerte resaca que bien pudo concluir con 4 a 1 favorable al Barça, pero que en la siguiente jugada abrió la Supercopa para ambos equipos y dejó todo pendiente para el partido de vuelta, pues Víctor Valdés no hizo pie y se vio engullido por la marea viva de una competición que recién comienza. Víctor hizo caso omiso de la bandera roja y no pudo ser rescatado por nadie ante la incisiva presión y fe de Di María, que rescató de nuevo al Madrid y puso el 3 a 2 definitivo con el que la marea viva de nuestra temporada da comienzo a un duelo que la semana próxima vivirá su resolución en el Bernabéu.

Afortunadamente y para el deleite de los aficionados solo fue fútbol, una marea viva habitual que a finales del estío y comienzo de la temporada nos pudo sorprender por su virulencia, pero solo eso, deporte, fútbol, nada similar a los temidos movimientos sísmicos que vivimos en anteriores temporadas…

Mariano Jesús Camacho