Foto: El Blog íntimo

Según un artículo publicado por la revista Journal of Clinical Investigation, un equipo científico ha identificado las moléculas clave que traducen un acontecimiento en una memoria a la cual puede accederse meses y aún años más tarde. El citado descubrimiento aun en fase de estudio podría jugar un papel ciertamente esperanzador en el tratamiento y alivio de algunos de los síntomas cognitivos que caracterizan ciertas enfermedades.

Al parecer los científicos centraron su atención en un grupo de proteínas denominadas receptores nucleares, que aparecen vinculadas en la regulación de una variedad de funciones biológicas incluida la formación de memoria. Y como esta bitácora del recuerdo encuentra uno de sus principios fundamentales en el rescate de los archivos devorados por el tiempo y el alivio de los síntomas que provoca la débil y corta memoria histórica del fútbol, recurro a los receptores nucleares de la base histórica, a las crónicas de otro tiempo de color sepia, para rescatar del olvido a un equipo que marcó época en la historia del fútbol peruano.

En la mirada con ojos de ayer que perfila imborrables recuerdos para el aficionado, residen historias que perduran en los rincones del recuerdo y tejen sus hilos con el pan de oro de otro tiempo. En el quimérico museo de la crónica perdida, Alianza de Lima los “Íntimos de la victoria” y su ‘Rodillo Negro’ representan un imperecedero recuerdo guardado en los ojos y el corazón del pueblo.

Un pueblo para el que Alianza representa al club tradicionalmente más cercano, pues surgió de sus entrañas, de las calles de Lima, donde un grupo de muchachos de la Calle Cotabambas del distrito de La Victoria, decidieron formar un club y ponerle como nombre Sport Alianza. Adoptado en honor a un ‘stud de caballos’ que poseía don Augusto B. Leguía (quien posteriormente se convertiría en presidente de la República).

Con añejo sabor popular, y en la citada calle Cotabambas creció Sport Alianza, José Carreño cedió su casa y esta se convirtió en el primer local del conjunto limeño que en la década de los veinte pasó a denominarse Alianza de Lima. Un equipo que a finales de la misma encontró en la figura de Carlos Alejandro Villanueva Martínez, al futbolista que cambiaría para siempre la historia del club. Pues este joven que abrió los ojos sobre un techo de cañas y barro de la calle Rímac, criado en la calle Malambo, encontró su inspiración en la calle Maravillas y su destino en La Victoria, en la que culminó su oda al balón.

Y fue una oda al fútbol su juego vistoso y alegre, su maravillosa concepción de la diversión, la elegante picardía de un joven que llevaba en la sangre la inspiración de su abuelo, relator de historias. Un joven mágico, muy alto, desgarbado y parsimonioso que desde el histórico año 1927 destapó el tarro de las esencias entusiasmando a la afición aliancista. Aquel que con una sola jugada levantaba a los aficionados de sus asientos y hacía exclamar “oles” de admiración. El malabarista del esférico, el que se adelantó a su época, genio del fútbol, simplemente “Manguera” Villanueva. Pura música, un vals peruano compuesto por pedro Espinel, eco de la historia, as entre los ases, pasaje de ayer, el son del fútbol, estrofas de Felipe Pinglo, de un balón esclavo entre sus pies. Una polca y un vals, maestro del pase de visión presta y manera singular, que recibe sincero aplauso, estrella del balompié, Alejandro Villanueva “El as”.

“El as” que dominaba el arte del caracol e integró una delantera y un equipo que se ganó el derecho a la inmortalidad. Los “Negros Diablos” de los que tanto hablaron los corresponsales de prensa de la época del Perú.  Aquel que en 1927 logró el primero de 7 títulos, con un plantel que reventaba de estrellas y fue denominado el “Equipo de Oro”, pues en un lapso de 8 años obtuvo 6 títulos nacionales. Un Universo de sueños cumplidos para Alianza en el que brillaron estrellas como Eugenio Segala, Jose Maria Lavalle, los hermanos Juan y Miguel Rostaing, Demetrio Neyra, Jorge Koochoy Sarmiento, Juan “el mago” Valdivieso, Adelfo Magallanes, Alberto Montellanos, los hermanos Domingo García, Julio García y Eulogio García, Alberto Soria, Julio Quintana, Juan Puente Acero, el “Cholo” Morales y Filomeno García, una verdadera maquina. Alianza de Lima y Villanueva, lucero de su fútbol, un grupo de ases del balón que arrollaron en el campeonato peruano desde finales de la década del 20’ hasta la mitad de los años 30′.

El “equipo de oro” que logró los campeonatos de 1927, 28, 31, 32, 33, 34, y tras obtener los campeonatos de 1927 y 28, perdió los dos siguientes a manos de la Federación Universitaria (Universitario de Deportes). En 1929 a causa de una suspensión impuesta por la liga peruana y a manos del Atlético Chalaco en 1930. Ese mismo que en 1931 se hizo la promesa de volver a ser el equipo arrollador de siempre y obtuvo el título de manera invicta, ganando 11 partidos consecutivos en el transcurso del campeonato. Un éxito que repetirían en 1932 y 1933 de una forma aún mas brillante, invictos y nada menos que con el record nacional de 26 partidos consecutivamente ganados en un periodo de 2 años 4 meses y 1 día, perdiendo solo esta racha al empatar 2-2 con su tradicional rival Universitario. Récord también de imbatibilidad al mantenerse invictos 3 años, 4 meses y 28 días, roto solo con la derrota de 1934 (4-1 ante el Sport Boys).

Para el año 1935 el equipo era conocido como el “Intimo de La Victoria” y fue reforzado con el gran Lolo Fernández (junto a Villanueva el mejor futbolista de su país de su época). Realizó una gira por Chile en la que nació la leyenda del “Rodillo Negro”, delantera que hizo estragos en las defensas mapochinas. La mítica línea de ataque compuesta por José María Lavalle, Adolfo Magallanes “Lolo” Fernández, “Manguera” Villanueva y José “Cholo” Morales; dicen no encuentra parangón en la historia del fútbol peruano.

La talla física retrató a “Manguera” al zambo alto y flaco cuya talla futbolística dibujó el Universo aliancista, historias que anudan sus emociones desde la punta de aquel equipo hasta las manos mágicas de su gran portero, el gran Juan Valdivieso, que se ganó el sobrenombre de “Mago” al atajar 4 penales en 7 partidos. Porque Alianza es “Manguera”, es el ídolo disfrazado de antihéroe, hecho leyenda. Es el viaje por las páginas de los diarios de los años 20 y 30 del siglo pasado, y el color sepia de sus historias. De la historia del “Íntimo de la victoria”, del “Rodillo Negro”, de un fútbol amateur que no se olvida. De “Manguera” puro bohemio, enamorado de los aplausos, del rodar de la luna por al arrabal de la noche, sus fiestas…

La historia de una fiesta que tuvo lugar en La Victoria, donde Villanueva encontró su lugar en el mundo, de aquellos  ‘Íntimos’ en los que “Manguera” encontró a su familia. Años de oro e interminables celebraciones de las que el bohemio criollo jamás se ausentó hasta que en 1938 los ‘Íntimos’ de la Victoria pusieron punto final a su inolvidable legado y sufrieron el descenso a Segunda.  Aquel fue el comienzo de la cuenta atrás, el epitafio de esta maravillosa historia blanquiazul. Sobrevinieron entonces las tardes grises de “Manguera”, sus problemas respiratorios, la marcha en silencio de un antihéroe de leyenda. Diecisiete temporadas para la diversión y un final envuelto en la crudeza del olvido, en la afilada espada de la tuberculosis que acabó consumiendo al genio. Una negra sombra en la vida del Maestro que acabó con su vida y las noches de fiesta a la edad de 35 años.

Quizás un triste final para un cuento de hadas, quizás una historia enterrada a varios metros, en la profundidad del olvido. Posiblemente sin la vigencia de otras pero afortunadamente rescatada y reconocida desde que el estadio Matute pasó a llamarse Estadio Alejandro Villanueva, el crack del pueblo que en un ya transformado distrito de La Victoria sigue siendo el icono de un sueño que llegó a ser eterno.

Fuentes:

http://elblogintimo.blogspot.com.es

http://www.clubalianzalima.com

Mariano Jesús Camacho Ortega

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