La belleza monumental de la Basílica de San Esteban de Budapest guarda en su interior valiosas reliquias sagradas entre las que destaca la “santa diestra”, mano derecha momificada del primer rey de Hungría, San Esteban.  Con aires de arquitectura neoclásica y planta griega pasa por ser uno de los símbolos de la Perla del Danubio y como tal acoge entre sus altivas torres la historia y leyenda que nació a sus maravillosas orillas. Es más desde hace algún tiempo acoge entre sus imponentes muros al Fútbol Total, a la cultura de una identidad futbolística que floreció al abrigo de su monumentalidad y encontró a su mayor icono en la figura legendaria de Ferenc Puskas.

Y entre aquellos sagrados muros en los que se rinde culto al hijo de un carpintero, el hijo de otro carpintero con alma de futbolista descansará como valiosa reliquia de un imborrable recuerdo junto al ‘Mayor galopante’. Y es que Sandor Kocsis, hijo de un carpintero de Budapest que fue también futbolista y tuvo que dejarlo tras sufrir una herida en la primera Guerra Mundial, recibe por fin el homenaje acorde a su monumental y caballerosa figura. Porque hablar de Kocsis es hacerlo del mejor cabeceador de su generación, del célebre ‘Cabeza de Oro’ de ‘Los Magiares Mágicos’, de un futbolista muy completo y ambidiestro, también de aquel chaval que se educó en una escuela cercana al estadio de Ferencvaros, donde construyó sus primeros sueños con una pelota y la figura del incomparable Sarossi.

Pues Kocsis forma parte del molde de la belleza de otro tiempo, de otro fútbol que se dio cita legendaria en Budapest en los años cincuenta, que en su caso dio comienzo a la edad de doce años en su querido Ferencvaros, pero que encontró ineludible solución de continuidad en las filas del Honved, donde inevitablemente acabó mientras cumplía con sus obligaciones militares. Tenía veinte años y en contra de su voluntad tuvo que perfilar su genial desempeño con los colores de otra camiseta. En cualquier caso en el equipo del ejército, Sandor se erigió como máximo goleador del campeonato húngaro en tres ocasiones. Durante seis temporadas paseó con enorme brillantez su talento, su cerebral e inteligente estilo de juego. El desempeño genial de un polivalente delantero que acabó haciendo carrera como interior derecho.

Integró una de las más famosas delanteras de todos los tiempos, la estremecedora línea ofensiva del Honved:  Budai, Kocsis, Higdekutti, Puskas y Czibor. Con el ADN del Fútbol Total circulando por la verde planicie de la leyenda, devastando las líneas enemigas, aquella delantera se consagró plenamente y ganó cuatro ligas, pero la historia se hace poema cuando perfilamos el recuerdo que emerge al hacer mención a la mágica dupla que formó con Puskas.

Una cascada de goles se arremolina a los pies de estas dos reliquias sagradas del Fútbol Total, no en vano en su primera temporada juntos en el Honved  anotaron más del 70% de los goles de su equipo (49 de 67). Puskas fue el máximo artillero del certamen al alcanzar 25 tantos y Kocsis, se quedó a solo uno con 24. El “Mayor” y “Cabeza de oro” se repartieron el sabor del gol total y dinamizaron artísticamente con un juego que marcó una maravillosa y nueva tendencia ofensiva.

Los Mágicos Magyares de Sebes tomaron por derecho propio la belleza dinámica y estética de un juego que les necesitaba para seguir creyendo en el espectáculo y aunque les faltó coronar su grandeza con un título en una gran competición internacional, su recuerdo perduró por y para siempre. La medalla de oro conseguida en los JJO de Helsinki les presentó al mundo y Wembley 1953 estalla con su brillo imperecedero. Suiza 1954 le coronó máximo goleador con once tantos del Campeonato y, representó el gran revés e inicio de una maldición cuyo desafortunado epicentro encontró su destino en Berna, pero hay ocasiones en las que el recuerdo del perdedor destila tanta magia y belleza que permanece inalterable en la selectiva memoria del aficionado.

En 1956 al producirse la invasión soviética de Hungría, Kocsis junto a Puskas, Czibor y algunos compañeros más se encontraban en Viena con el Honved y decidieron no regresar a Hungría. Tras un año de inactividad y un breve paso por el Young Fellows suizo llegó al Barcelona, donde se reencontró con Czibor y compartió vestuario con el también compatriota Ladislao Kubala.

En Barcelona vivió momentos de gloria y frustración, entre los primeros destaca la conquista de la Copa de Ferias (UEFA) de 1960 ante el Birminghan, aunque Sandor no estuviera presente en dicha final. Conquistó también dos títulos de Liga en 1959 y 60 más 2 Copas del Generalísimo, la primera en 1959, cuando el Barça se impuso en la final al Granada 4-1 en un encuentro en el que Kocsis hizo dos goles y, la segunda en 1963 cuando el conjunto azulgrana se impuso al Zaragoza 3-1 en un encuentro en el que Kocsis hizo también otro gol. Goles y más goles, el balance legendario de aquel que firmó el que pudo ser histórico tanto al Hamburgo en el último minuto de la vuelta de semifinales de la Copa de Europa de 1961, que forzó un partido de desempate y abrió el frustrante camino hacia Berna.

La dolorosa derrota en la final de la Copa de Europa de 1961 ante el Benfica portugués, la histórica final de los palos cuadrados disputada en un escenario maldito que sin duda le traía malos recuerdos al ‘Cabeza de oro’ húngaro, puesto que allí acabó su sueño de conquistar un Mundial cuando perdió en aquella histórica final del 54 ante Alemania. Unos palos cuadrados que escupieron hasta cuatro remates, de la imponente e impotente, delantera azulgrana integrada por Kubala, Kocsis, Evaristo, Suárez y Czibor, que aquella tarde-noche se ahogó a la orilla del éxito.

 Caballero dentro y fuera de los terrenos de juego, Barcelona quedó cautivada por aquel imponente remate de cabeza que solo había identificado con anterioridad en el mítico César, pero de forma especial por su bondadosa personalidad. Fue jugador azulgrana hasta el año 1966, cuando colgó las botas con casi 37 años, dejando tras de sí un balance de 235 partidos y 151 goles con la camiseta azulgrana.

Regentó un bar de copas en Barcelona hasta 1979, año en el que a la edad de 50 años, se lanzó al vacío desde la séptima planta de un hospital de Barcelona en el que se estaba tratando de cáncer. Desde aquel día sus restos mortales descansaron en Barcelona, donde una parte del Fútbol Total arraigó a unos kilómetros de su tumba. Esto fue así hasta el pasado junio, cuando a petición del gobierno de Hungría y con el consentimiento de sus hijos, sus restos fueron exhumados con la intención de un futuro regreso a Budapest.

Un regreso soñado en vida e impedido por la coyuntura política, regreso que por fin se materializa físicamente y permite volver a formar dupla junto a aquel socio genial con el que interpretó como nadie el gol del Fútbol Total. La partitura genial de una sinfonía al fútbol que hoy retumba armoniosa en la maravillosa acústica musical de la Basílica de San Esteban, donde la urna con las cenizas repatriadas del célebre Cabeza de Oro de Los Magiares Mágicos pasará a ser una valiosa reliquia más del monumental templo húngaro al Fútbol Total

Mariano Jesús Camacho