En la cubierta de un barco de cabotaje un niño juguetea entre la carga, pues como le cantó Agustín Lara nació con la luna de plata y alma de pirata. Fue su barco su tesoro, su Dios la libertad; su ley, la fuerza y el viento; y su única patria los sones jarochos que vienen desde el mar. Lo sones Jarochos de la amada Veracruz lugar de cuna de un genio llamado Luis ‘El Pirata’ Fuente, eterno del fútbol mexicano que se hizo acreedor a su apodo porque su padre y su tío Valentín tenían barcos de cabotaje, con los que ejercían el comercio entre los puertos del Golfo de México y a los que el pequeño Luis se subía muy de mañana para jugar hasta las explosiones anaranjadas del ocaso.

Pero ‘El Pirata’ rumbero y jarocho, trovador de veras, además de por el diluvio de estrellas de la noche, de sus fiestas y sinuosas caderas, moría por el fútbol. Por aquel deporte que enredó sus sueños desde su más tierna niñez hasta que la ovación de la hinchada se coló por su venas, en lo más hondo de su alma. Dicen que llegó a ser mascota del Club España de Veracruz, la vida le sonreía en derredor de una pelota que se desinfló a sus pies cuando tenía cinco años de edad, el fallecimiento de su padre dejó huérfanos a cuatro niños a los que les cambió la vida. Entonces fue enviado a Santander, España, por su madre para iniciar sus estudios primarios, pero estuvo por poco tiempo, pues el rumbo de su destino puso la proa de sus sueños de nuevo en dirección a su amada tierra jarocha. Regresó con 13 años e integró las filas del equipo España y Sporting Club del Puerto de Veracruz, para romper moldes y cinturas en el Parque España.

La leyenda del Pirata recién iniciaba su andadura inmortal, enviado a estudiar a la capital en el Internado San José de Tacubaya contaba los días para su regreso y poder jugar con ambos equipos. Acostumbrado a jugar con chicos mayores que él, afiló al límite el resto de sus habilidades, sus sentidos futbolísticos, Verle jugar era ya todo un placer, tanto que José Sendrá, directivo del equipo profesional Aurrerá, lo convenció de abandonar el internado, para llegar directamente a la Liga Mayor de Fútbol. Debutó en  1929 ante Necaxa, en un partido de Copa, y su tremenda habilidad cautivó desde el inicio con aquel desempeño genial que le caracterizó durante toda su carrera. En su debut en Liga Mayor de Fútbol el “Pirata” le anotó un gol al gran portero titular de la Selección Nacional que había participado en el Mundial de Uruguay, Oscar Bonfiglio.

Entre 1929 y 1951 el primer orquestador del futbol mexicano mostró los frutos, por la arboleda de la imaginación de sus congéneres.  Durante cuatro décadas el trovador de Veracruz quiso adelantarse a su tiempo sirviendo de enlace entre la media y el ataque con pases geniales, internadas de lujo y llegadas de genio. América, Marte, Real España y Aurrerá le disfrutaron en México, Vélez en Argentina, Atlético Corrales en Paraguay y Racing de Santander en España, por lo que el Pirata fue el primer embajador del fútbol mexicano por todo el planeta. Y a decir de los que le vieron jugar e hincaron sus rodillas ante su fútbol magistral, el juego no pudo encontrar mejor embajador que este jarocho con alma de pirata. Con alma de bohemio y sangre de tiburón, de Veracruz, porque como cantó Agustín Lara, todos los caminos de su destino le conducían a ese hermoso puerto. Pues cuando su tierra ancestral le añoraba, jugando en Vélez Sarsfield de Argentina (donde le anotó tres goles al Independiente, de Erico, Sastre y Vicente de la Mata) Lara predijo musicalmente su retorno: Veracruz, vibra en mi ser, /algún día hasta tus playas lejanas/ tendré que volver…

Y volver, volver, volver, es lo que hizo aquel que durante su estancia en España militando en las filas del Racing batió al mítico y “Divino” Ricardo Zamora en partido oficial de la Liga. Antes de eso, Valencia lo pretendía, pero por la Guerra Civil Española no se llevó a efecto la operación

El Pirata tuvo tal peso en sus equipos que a la mayoría de ellos convirtió en campeón, conjuntos que a su marcha acabaron sumidos en un profundo vacío y un caos complicado de superar. Sentían dependencia absoluta del juego del genio jarocho que a su regreso a Veracruz comandó a Los Tiburones a los dos campeonatos de liga con los que cuentan, los de las temporadas 1945-1946 y 1949-1950.

Pues Luis de La Fuente era la exquisitez y el disfrute del juego, fútbol de creación y vistoso para las viejas maderas de la tribuna, que quebraron de emocionados aplausos ante el izar del telón del arte a los pies de un genio y el gramado de la leyenda. Tal era su leyenda e influencia social que se llegó a editar un comic llamado ‘el Pirata Negro’ inspirado en su icónica figura marciana. Y digo marciana porque además de jugar en Marte, su fútbol fue de otro planeta y porque su personalidad bohemia no tuvo parangón. Constructor, goleador y poseedor de unas condiciones atléticas que le permitían cabecear con enorme efectividad era completo en esencia y dicen comparable a genios como Di Stéfano, Maradona y Pelé…

Aunque su fútbol pertenece a la memoria de bronce de generaciones perdidas entre los matices ocres de las crónicas de otro tiempo, entre el tic tac mudo del reloj de arena de otra época, entre los viejos sones de la jarocha y la rumba de su patria chica, un Pirata veracruzano sigue cursando los mares del mundo, que son los del fútbol, para pasear sus mágicos e imborrables recuerdos entre nietos biznietos, abuelos, padres, hijos y bisabuelos, que no le olvidan.

Tras 21 años de carrera, su retiro del Fútbol activo un 13 de junio de 1954, cuando se le ofreció un partido de homenaje entre veteranos del Veracruz y el Atlante en el Estadio de la Ciudad de los Deportes fue un duro golpe para el espectáculo, que perdió la rumba de golpe y solo dejó los sones de su talento hasta que un 28 de mayo de 1972, Luis de la Fuente y Hoyos falleció a los 58 años.

Cuenta la leyenda que muy de mañana en aquellos barcos de cabotaje de Veracruz, la sombra de un pequeño jarocho sigue revoloteando su menguada travesura, su esbelta genialidad. Es ‘El Pirata’ que sigue correteando por la cubierta, pues sigue siendo una pelota y un barco su tesoro, su Dios la libertad; su ley, la fuerza y el viento; y su única patria el placer de jugar.

Mariano Jesús Camacho