En el maravilloso mundo de las artes escénicas Jean Baptiste Poquelin fue todo un maestro que adaptó magistralmente la comedia del arte a las formas convencionales del teatro francés, para lo que unificó música, danza y texto, primando siempre los recursos cómicos. Desde estos principios creativos, el gran Moliere, uno de los mejores autores de comedia de toda la literatura occidental utilizó su obra para luchar contra las hipocresías de su tiempo mediante la ironía.

Con la sátira serpenteando por el báculo de su genialidad aquel cuya máxima en la vida era: «hacer reír a la gente honrada», arrancó una sonrisa sublime que golpeó elegantemente contra lo socialmente correcto y las debilidades del ser humano. Y de entre aquellas debilidades encuentro en el fútbol una veta de inspiración que bien podría haber cautivado al dramaturgo parisino. Por ello con estas líneas quisiera hoy exponer una humilde opinión que para nada esconde aspiración alguna de dictar sentencia sino de generar conciencia.

Estoy convencido de que si Moliere hubiera sido coetáneo al fútbol habría dedicado una de sus obras por completo a este deporte que tanto posee de artes escénicas, de espectáculo y de teatro, pero también de sátira y comedia…. Seguro que el dramaturgo parisino nos habría arrancado una sonrisa empleando su ironía para desenmascarar la hipocresía del fútbol de nuestro tiempo, desnudando cómicamente sus debilidades.

Unas debilidades que los periódicos quieren hacernos creer que solo viajan en puente aéreo entre Barcelona y Madrid, donde todos hemos comprobado que sobresale la cómica actuación teatral de puntuales elementos vestidos de corto con colores merengues y azulgranas, pero que para nada se reduce al puntual pique deportivo y dialéctico de ambos equipos. Mucho me temo que este tema que se tiende a individualizar, desafortunadamente cada vez es un asunto más generalizado. Creo firmemente que aun reconociendo la ancestral picaresca del fútbol como parte propia de este deporte, siento muy a mi pesar que estamos ante un problema global que acucia en gran medida al fútbol y en concreto a la Liga española.

El fútbol para mí es puro arte escénico y cada uno de sus protagonistas interpretan un papel que contribuye a generar un espectáculo, mejor o peor, pero a fin de cuentas espectáculo. El problema es que cuando el espectáculo y el arte escénico se llevan a límites contraproducentes para el mismo, el espectador puede sentirse engañado, estafado y atrapado por su sátira. Por todo ello me interesaría mucho conocer la opinión de los jueces de este deporte, colegiados, acostumbrados a lidiar con el engaño y la simulación en cada partido de la geografía nacional. Siento verdadera pasión y admiración por el fútbol que se práctica en nuestro país, por las tendencias maravillosas de su juego, pero a su vez siento tristeza por un problema de base que nos acucia desde hace tiempo.

El que suscribe estas líneas ha sido testigo, espectador, en primera persona de la penosa, dirigida y sistemática actuación, de un equipo filial para perder los minutos finales de un encuentro. Todo ello simulando tirones musculares, agresiones ficticias, peleas dialécticas…. lesiones y vueltas sobre el verde con un ojo puesto en el colegiado. Aquella tarde me sentí indignado, decepcionado y estafado, una estafa que extiende sus garras cada semana por numerosos puntos de la geografía futbolística española. Por eso mismo defiendo que estamos ante un problema de base generalizado, de una cultura deportiva que debemos rectificar y que en cambio en otros países se cuida y valora en su verdadera medida.

Los educadores deben transmitir que de los malos modos y la trampa se puede sacar ventaja puntual, pero dolorosamente efímera, contraproducente y momentánea,  pues el precio que se paga con posterioridad en imagen y valores educacionales es absolutamente irreparable. No olvidemos que al fútbol se juega con una pelota que indefectiblemente nos llevará a la victoria a través del talento y el esfuerzo de sus jugadores. Lo único capaz de trascender al rodar del tiempo, de permanecer grabado en nuestras retinas y perdurar en nuestra memoria, es la poderosa y mágica interacción de los futbolistas con la pelota, su relación con la danza, la música, la estética, el arte y el gol. Lo demás es comedia, es sátira, es puro Moliere, al que recurro encarecidamente para que inspirado en nuestro fútbol y, desde el otro lado, nos deleite con una obra sobre el balompié en la que desnude la hipocresía y las debilidades que lo acucian.

Y con Moliere por montera quiero acabar esta pequeña columna de opinión recurriendo a la comedia, a la hilaridad generalizada provocada por las palabras de Pepe, pues tiene bemoles que un tipo con tanto instinto teatral como el central portugués, conocido por todos como “Rey Mysterio” venga a hablarnos de teatro y lucha libre.

Ciertamente tan hilarante y cómico como las obras teatrales del genial dramaturgo parisino que expuso con tanta perfección el ridículo que esconde cada debilidad humana y que en esta ocasión me ayudó a encontrar las del fútbol…

Mariano Jesús Camacho

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