El protagonista de esta historia llegó a ser componente del ejército de las sombras, una de las denominaciones por las que fue conocida “La resistance”, personajes embarcados en una peligrosa y clandestina lucha por sus ideales. Por la liberación de las tropas de ocupación nazis y las fuerzas del régimen de Vichy, en el territorio francés tras el armisticio del 22 de junio de 1940, hasta su liberación en 1944.

Nacido el día de Navidad del año 1905 en Belfort, en la frontera franco-suiza, el fútbol francés encontró en la figura de Etienne Mattler a uno de sus primeros héroes, a un futbolista ejemplar que fue tomado como modelo de la época, de trabajador entregado a la causa con una vida personal realmente intachable, pues a diferencia del prototipo de futbolista (amantes de los buenos coches y la vida nocturna), era un abnegado padre de familia, una especie de ideal de buen trabajador, de buen soldado, que llevaba una vida personal tranquila y lejana al bullicio de las grandes ciudades.

Por ello la familia Peugeot, fundadores en 1928 del Football Club Sochaux-Montbéliard en la localidad industrial de Sochaux, le eligió como líder de una generación,  modelo de un recién creado profesionalismo y ejemplo para los obreros de sus fábricas. Mattler es sin duda icono del fútbol francés de entreguerras, pero curiosamente este defensor galo que se consagró en la historia como uno de los únicos cuatro jugadores que jugaron en los tres Mundiales previos a la Segunda Guerra Mundial, iba para ciclista.

El segundo de los siete hijos de una humilde familia de clase trabajadora se entregó con gran pasión al ciclismo, pero el grave accidente de su hermano, que también era ciclista, le hizo reconsiderar su decisión y encaminar sus pasos hacia el fútbol.  Comenzó a jugar en las filas del EE.UU. Belfort, club en el que entabló una estrecha amistad con el delantero André Maschinot. Ambos se marcharon al Troyes AC en 1927 y luego al ya citado FC Sochaux, recién fundado por la familia Peugeot.

Y el Sochaux encontró en aquel que fue conocido como el ‘León de Belfort’, a un defensa izquierdo imponente (1,80 m y 82 kg), fuerte e incansable, también a su jugador bandera. Poseedor de un excepcional físico y poco dotado técnicamente, compensaba dicho defecto con su incomparable fuerza física y su resistencia a prueba de bomba. Su personalidad y su valentía le permitían no arrugarse ante nadie, era particularmente adecuada para ilustrar una serie de ideas en boga en la sociedad de la época, como el patriotismo o los beneficios de la vida en el campo. Además en una Europa que vivía momentos especialmente delicados, la iconográfica figura del futbolista, de Mattler, representó  la resistencia del pueblo francés, un capitán de infantería al frente de sus tropas en el campo de batalla del fútbol.

Se recuerda especialmente su valentía y arrojo cantando orgulloso La Marsellesa de pie sobre una mesa de una taberna de Nápoles, rompiendo la atmósfera venenosa que se respiraba en el albergue de su equipo, en la previa del partido amistoso a disputar ante Italia en 1938. A las puertas del fascismo, Mussolini y el público italiano mostraron su hostilidad y su enojo, con especial énfasis hacia los jugadores de color, el genial mediapunta Larbi Ben Barek y el defensa izquierdo franco-senegalés Raoul Diagne, que fueron arropados y apoyados incondicionalmente por un Mattler que jugó toda la segunda mitad con la clavícula rota. Una actitud por la que Albert Lebrun, último presidente de la Tercera República reconoció su valeroso acto de liderazgo y solidaridad.

El vigoroso y viril estilo de juego de Mattler enamoró al Stade Auguste Bonal, encajó a la perfección en un fútbol aun anclado en el ‘kick and rush’, en el contacto físico… Además de un modelo fue un defensor de época que se hizo acreedor al apodo de ‘Le balayeur’ (El barrendero) por sus conocidos ‘tacklings’, en los que barría a los delanteros sacándoles vigorosamente el balón. Su impresionante consistencia le convirtió en leyenda, en la bandera del Sochaux y su selección durante una década, llegando a acumular 46 internacionalidades y tres mundiales a finales de los años treinta.

Sus 208 partidos de liga (tres goles) con la camiseta del Sochaux, entre el nacimiento del campeonato nacional profesional en 1932-33 y su retiro en la temporada 1945-46, le consagran como uno de los grandes futbolistas galos de su generación. Aquel que formó una sociedad defensiva imborrable junto a Gabriel Lalloué, que llevó al Sochaux a la conquista del primer campeonato de su historia en la temporada 34/35. Un éxito que reditó en la temporada 1937/38, en la que Mattler fue el jugador más destacado de una defensa colosal que concedió tan sólo 26 goles. Una línea defensiva  que pasó a la historia con el sobrenombre de ‘La Ligne Maginot’ y cuyos otros miembros fueron el lateral derecho franco-uruguayo Héctor Cazenave y el portero Laurent di Lorto. Fue pieza básica de aquel equipo de la Belle Epoque del Sochaux, comprendida entre 1931 y 1939, en la que conquistó 2 campeonatos de la Liga Francesa, siendo también Subcampeón y conquistando la Copa de Francia en 1937, unos éxitos cimentados en la calidad de los Courtois, Trello, Maschinot y la impresionante capacidad física de Mattler…

En una época en la que el 2-3-5 era el sistema mayoritariamente empleado, desde la posición de defensa izquierdo, el ‘León de Belfort’  jugó un papel fundamental en el equilibrio defensivo de su equipo, salvando constantemente situaciones de peligro gracias a sus contundentes y oportunos cruces para abortar la ofensiva rival. El estallido de la guerra interrumpió bruscamente su carrera profesional, tal y como había hecho en los terrenos de juego, Mattler defendió a su país uniéndose a la resistencia, sirviendo como oficial en el Grupo Primero Commando. Detenido en febrero de 1944, sobrevivió a su encarcelamiento y tortura, escapando a Suiza, para luego regresar a su país para contribuir nuevamente a la liberación de Francia y terminar su carrera profesional con el Sochaux.

Posteriormente siguió vinculado al fútbol como técnico en las filas del EE.UU. Belfort, en 1955, para luego regentar un bar en su natal Belfort, localidad en la que la resistencia francesa vistió ropajes de fútbol en la legendaria figura de Etienne Mattler, barrendero de otro tiempo en el que la épica dominó este deporte. De una época en la que el ejército de las sombras acogió entre sus filas la alargada figura de un defensa imponente cuya fuerza residió en la resistencia del león…

Mariano Jesús Camacho