4 de mayo de 1930, Alavés y Barcelona se enfrentan en la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey. Los azulgranas acuden a Mendizorroza con futbolistas de la talla de Arnau, Piera y un mago con cuerpo de langosta apellidado Samitier. Pero el estadio vitoriano ha dejado de ser terreno propicio y ha ‘bunkerizado’ su estadio en la inexpugnable pareja central compuesta por Ciriaco y Quincoces, que apoyados por el talento de futbolistas como Antero, Modesto y el goleador Olivares, ha dado el salto de calidad necesario como para poder competir al primer nivel. Es el segundo precedente de blaugranas y vitorianos en Copa, pues en la temporada 27/28 ya se habían enfrentado en semifinales, pero aquella tarde pertenece al sutil y ya débil recuerdo de otro tiempo que vistió de épica los colores vitorianos.

Un articulo que podéis leer al completo en El Enganche

Mariano Jesús Camacho

Anuncios