Cuando caen tinieblas y nubes grises por un sentimiento, cuando en las fronteras azules y amarillas el horizonte se quiebra con abatimiento descorazonador, cuando una afición desteñida por la lluvia del engaño cae presa del desánimo,  quisiera subir al desván del recuerdo para contemplar una vez más ese cielo claro que dibuja nuestra historia y perfila las vivencias de miles de gaditanos que rindieron pleitesía a la magia y siguen preservando la esperanza de que aun quedan años por volar.

Para ello os dejo este articulo de mi hermano Moisés del Blog Cádiz, Mas cerquita que la mar en el que se cuenta una vivencia que nos hizo confirmar algo que ya sabíamos, Jorge era un diez más uno como futbolista, un cero como profesional y pese a la muy verdadera leyenda negra que le perseguía era un fenómeno como persona:

En estos momentos de nihilismo cadista, con un corazón roto por la temporada y la mala gestión del equipo por su directiva durante los últimos años, que han sido un verdadero infierno para nosotros, no me queda otra que recurrir al pasado, a las tardes gloriosas del Cádiz Club de Fútbol, y a mi niñez, dónde todo lo que rodeaba el fútbol tenía un nombre propio, Jorge Alberto González Barillas. Ahora que se le tacha de pesetero por no acudir a un centenario mal organizado por un club maltrecho, me gustaría dedicarle unas líneas a este genio del balompié que despertó en la chavalería gaditana las ganas de ser un mago del balón.

 Ningún regate que hiciera el Mago se quedaba sin el intento de cualquier chiquillo en una plazoleta de imitación, ante la admiración de todos. Recuerdo mis primeros años de cadista, que no eran de cadista de estadio sino de pasarela, cuando con mi madre iba a ver el fútbol con 4 años, mientras toda mi familia residía en el Fondo Norte del estadio. Recuerdo la primera presentación del Cádiz que vi en tribuna, con Pintinho y Arica… y de entre las tardes de pasarela recuerdo una en especial. Era la Liguilla de la Muerte que se había sacado de la manga el ex-banderillero don Manuel de Irigoyen para salvar a mi Cádiz cuando a los presidentes les dolían los colores de mi equipo. Desde esa pasarela hoy extinta vi el mejor gol que jamás vieron mis ojos en directo, Mágico cogía el balón en el borde del área y sorteaba a cuatro contrarios como el que está jugando en el patio de un colegio, levantaba la mirada y veía al portero adelantado realizando una vaselina espectacular…. queda en mi retina para siempre ese momento en el que el guardameta se acerca a darle la mano al genio del fútbol mientras el Carranza se llenaba de pañuelos.

  Fue por esos años, cuando ya conseguí ser socio del Cádiz y tras disfrutar y enamorarme más del juego de mi ídolo, que una mañana mi hermano me llevó a uno de los entrenamientos del equipo, uno de esos jueves en  los que la gente de Cádiz iba a ver como el Mago hacía lo que quería en el partidillo. Recuerdo que insistí a mi hermano en ver entrar a los jugadores, pues mi única meta en ese momento era conseguir el autógrafo del que para mí era el mejor jugador de todos los tiempos, y que vestía mi camiseta. Allí en la puerta de Carranza vi llegar a muchos jugadores, Enrique Montero, Oliva, Carmelo, Bermell… etc., y aunque fueron firmando yo no gozaba de la felicidad plena la verdad, sabía que algunos se me habían escapado y temía como nadie que uno de ellos fuera el maestro Jorge.

  Sobre las 10 y 30 de la mañana se cumplió mi sueño, según me cuenta mi hermano mi cara se ilumino cual ha visto al Mesías o Profeta del fútbol y corriendo me abalancé a la caza del tesoro más preciado. Mágico era de otra casta, era otra clase de persona. Lejos de presumir de su talento, el Mago me tomó la mano y me dijo ¿cuántas te faltan?, ahora te las traigo. Se introdujo en el vestuario y fue pidiéndole la firma a todos los compañeros que se me habían escapado insistiéndole en que me las dedicaran. Al rato volvió con la sudadera Massana azul, las calzonas azules, medias blancas sin subir y las botas sin atar. Me entregó una libreta repleta de autógrafos, pero lo primero que hice fue buscar el suyo, que increíblemente no estaba, se le había olvidado. Tras decírselo y estamparme su firma, me hizo por un momento el niño más feliz y afortunado del mundo. Así era él, así era Don Jorge Alberto González Barillas, capaz de cumplir los sueños de un niño.

Como vemos en el video y en la foto, Mágico fue un Mago de verdad, y un rey Mago de verdad, que nos dio a los niños de Cádiz el regalo de su fútbol.

Moisés Camacho, del Blog Cádiz, Mas cerquita que la mar.