El arte del tiro libre

Dicen que el arte es un estado del alma que crea libremente generando emociones y sentimientos en todo aquel que lo contempla. Posiblemente elevar al fútbol y algunas de sus puntuales acciones a la citada categoría pueda ser considerado como un acto de imperdonable herejía para un amplio sector de la crítica y la intelectualidad. El fútbol en gran medida constituye un compendio de habilidades motrices, equilibrio, orientación, ritmo, anticipación, salto, carrera, golpeo, precisión… Todas y cada una de ellas mejoradas sobre una base de trabajo, entrenamiento y formación, que dejan un porcentaje mínimo para la creatividad y la imaginación, pero se ubica precisamente en ese pequeño porcentaje, la rendija por la que se cuela el arte y la libertad, el don y el duende para transmitir e inventar. Quizás sea muy osado elevar a la categoría de arte las habilidades de los espíritus libres del fútbol, pero en la citada disciplina deportiva, lúdica, en su concepción de actividad vinculada al espectáculo, la inspiración de algunas de sus grandes estrellas los convierte además de deportistas en artistas del balón.

Arthur Friedenreich y las geometrías curvas

Y en la línea temporal del arte en la historia del fútbol existe una acción que reúne un compendio de habilidades espaciales, técnicas e imaginativas que podrían ser equiparadas a la de pintar un cuadro imaginario. A la de trazar líneas y transportar ángulos para crear el cuadro de un gol, la arquitectura técnica de una línea imaginaria, pura ciencia espacial, pura física, pura figuras geométricas, el vuelo de una esfera hacia un ángulo recto en el que se tejen telarañas, la trayectoria curva de la precisión y su vuelo hacia la imaginación. La falta directa, el free-kick inglés y escocés, sus primeros ejecutores y su primer gran artista, un mulato brasileño con ojos y genes de alemán llamado Arthur Fridenreich, que mucho antes de que Roberto Carlos inventara su bomba inteligente, dejó todo un doctorado sobre los efectos y la geometría de las trayectorias curvas en el golpeo del balón.
‘El Tigre’ Friendenreich fue precisamente uno de esos cabos sueltos del fútbol creador, cuya imaginación acercó su deporte al arte, a la transmisión de emociones. Arrojan las estadísticas cifras goleadoras sobre la posibilidad de que Arthur al que se le atribuyen 1329 goles no constatados/reconocidos por la FIFA -que le reconoce 1239-, que el primer gran rey del fútbol fuera el máximo goleador de la historia frente a los 1282 de Pelé. Muchos de ellos los consiguió a balón parado, acción técnica que convirtió en arte, mejorando su precisión con una técnica sublime de golpeo afinada gracias a la colocación de botellas de cerveza sobre el travesaño horizontal de madera, que derribaba con pasmosa facilidad.

Didí y ‘la folha seca’

Arthur marcó el camino, la trayectoria de una acción en la que con anterioridad había primado la potencia sobre la técnica. El brasileño con su afilado pie abrió la caja de Pandora de los efectos en el golpeo, las trayectorias imposibles y marcó el camino para todos los posteriores lanzadores. Especialmente en Brasil, donde los Zizinho, Ademir y compañía hicieron su doctorado y donde otro nombre marcó época con un tipo de golpeo cuya firma llevó la bota de Waldir Pereira ‘Didi’: ‘la Folha seca’. Un estilo de tiro libre, seco y suave, en el cual la pelota caía mansa, como una hoja seca, tras el portero o por encima de la barrera. Y todo por necesidad, por causalidad/casualidad, pues Didí que era consumado lanzador sufrió una lesión en el tobillo que lo obligó a improvisar. Cómo mecanismo de defensa para evitar el dolor sin perder eficacia decidió pegarle con el pie horizontal, de punta con la zona de los tres últimos dedos del pie, por el medio del balón, girando un poco hacia arriba el pie, provocando en el balón una diabólica trayectoria imprevisible para los porteros.

Brasil y la noche de los dones

En el cuento “La noche de los dones”, Borges escribe que “cuando una cosa es verdad, basta que alguien la diga una sola vez para que uno sepa que es cierto”. Y en el arte del libre directo además de los dos genios ya citados Brasil nunca olvidará a Garrincha, Neto, Nelinho, Marcelinho Carioca, Bebeto, Marcos Assunçao y Roberto Dinamita, con mención especialísima para Rogerio Ceni por su condición de portero -sin olvidar a José Luis Chilavert- y cómo no para Pelé, Rivaldo, Juninho Pernambucano, Roberto Carlos, Eder, Ronaldinho, Rivelino y Zico. A cada cual mejor cada uno con su personalidad, su estilo, las diversas formas de ejecutarlas; en el caso de Roberto Carlos, con una potencia de golpeo descomunal y unos efectos que hacía cobrar vida a la pelota, muy en la línea de otro excelso y potente lanzador como el holandés Ronald Koeman. En el de Zico, pegado al balón y prácticamente sin dar un solo paso para ponerla en la escuadra, muy al estilo de Maradona y Ronaldinho.

Una lista interminable

Por ellos sabemos que el arte del libre directo es cierto, también por George Best, Bobby Charlton, Ladislao Kubala, Alfredo Di Stéfano, Ángel Labruna, Mario Kempes, Daniel Passarella, Juan Román Riquelme, Gabriel Batistuta, Teófilo Cubillas, Nolberto Solano, Rubén Suárez, Bernd Schuster, Lothar Matthaus, Pierre Littbarski, Stefan Effenberg, Gunter Netzer, Michel Platini, Zinedine Zidane, Enzo Francescoli, Roberto Baggio, Andrea Pirlo, Eusebio, Cristiano Ronaldo, Gianni Rivera, Alessandro Del Piero, Gianfranco Zola, Francesco Totti, Pablo Bengoechea, Rubén Sosa, Héctor Scarone, Álvaro Recoba, ‘Macho’ Figueroa, Gica Hagi, Gabi Calderón, Vassilis Tsartas, Milinko Pantic, David Beckham, Lampard, Paul Gascoine, Andy Reid, Kevin Keegan, John Barnes, Peter Beardsley, Kenny Dalglish, Gordon Strachan, Ryan Giggs, Steven Gerrard, Hugo Sánchez, Thierry Henry, Dejan Savicevic, Boban, López Ufarte, Luis Aragonés, Rojo I…

Tocados por un don

Lo sabemos también por los misiles del Gringo Scotta, que dejaba noqueados a los rivales en la barrera y a los porteros con sus redes rotas. Se sabrá para siempre que es todo un arte por Mágico González –en clave amarilla también por Fernando Carvallo y Pepe Mejías- que tenía un guante en su pierna derecha. E indudablemente por los misiles teledirigidos de Siniša Mihajlović, un defensa tan polémico como mortífero a pelota parada, su cita con el duelo al sol ante los porteros y sus trajes de madera. Porque en esto del golpeo a balón detenido el aficionado debe conocer que los kilos de más no son ningún tipo de impedimento, tal y como demostró Pancho Puskas e incluso citar la siguiente frase: “God Save The King” dedicada al ‘gordito mágico’ Matt Le Tissier, todos ellos tocados por un don.

Maradona vs. Messi

Pueden hacer todas las selecciones que quieran y ordenarlas según su criterio personal, de hecho en toda selección elaborada en esta línea se pierden en el archivo temporal de la memoria pioneros de preguerras y postguerras que merecen mención especial; pero si sobre un máster de faltas directas hubiera que disertar, con toda probabilidad existen dos zurdas que desafían las líneas del espacio y el tiempo. Dos números diez por cuya presunta divinidad creativa se disputan la condición de mejor jugador de la historia, la primera la de Leo Messi que en el arte de la cobranza del libre directo -como dicen en Brasil- ‘robó’ de dos genios. Primero del mágico pie de Ronaldinho bajo el que creció y segundo junto al otro número diez para el que el mundo de los ángulos no existían secretos: Diego Maradona. Y es que si para Messi una falta significa mucho más que un penalti, para ‘El Diego’ un tiro libre era el mayor preámbulo a una obra maestra jamás visto en la historia del fútbol. Bajo mi punto de vista en el arte del libre directo nadie como él:

Top ten de las trayectorias imposibles

Por todo lo descrito gracias al ‘Tigre’ Friendenreich, porque tras él todo un universo, un ‘top ten’ casi con toda seguridad compuesto por Maradona, Zico, Mihajlović, Messi, Ronaldinho, Juninho Pernambucano, Roberto Carlos, Ronald Koeman, Mágico González y Platini. Por ellos tirar un tiro libre se convirtió en trazar el bosquejo y las primeras líneas de un cuadro, el cuadro de un gran gol para el que no existen ni barreras, ni tiempos ni porteros, sino tan solo el recuerdo de sus trayectorias imposibles.

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