Len Shackleton, ‘el Groucho del balón’

Uno de los mayores cómicos cuya filosofía de vida marcó a un buen número de generaciones fue Groucho Marx, genialmente entrometido, criticón, insolente, dinamitó la sociedad sembrando el desconcierto por doquier allá por dónde pasó su personaje, que siendo absolutamente diferente al personaje real, fue también sorprendentemente similar al cómico. Y es que en realidad Groucho se parodiaba a sí mismo, al ser humano. Pero lo cierto es que los dos gozaron por igual del don privilegiado de hacernos morir de risa e indignación…

En el fútbol inglés existió también un personaje que por su peculiaridad dejó su impronta tanto por los campos británicos como por la vida, siendo y comportándose en cierto sentido como el Groucho del balón. Nacido el 3 de mayo de 1922 en Bradford (Inglaterra), Len Shackleton fue un gran jugador británico del periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, de hecho la circunstancia del complicado periodo en el que desarrolló su profesión, sin duda dificultó el impacto, el brillo, que acabó teniendo en la historia del fútbol mundial y británico. Comenzó su carrera a la edad de 16 años en el Arsenal, pero que luego, en 1938, ingresó en la Carlton School en Bradford, donde completó su formación futbolística. Fue allí donde logró captar la atención al hacer nada menos que 166 goles con la camiseta del Bradford FC, durante el periodo de Guerra, en siete años en la Bradford Park Avenue.

El genio rebelde

De hecho Shackleton es muy recordado porque la memoria de los que le vieron jugar, que dejaron el testimonio de haber contemplado a un futbolista ciertamente especial, tremendamente peculiar en su carácter. Len era de aquellos futbolistas con la capacidad para tener a medio mundo alucinado y a la otra mitad enfadado. Era ciertamente complicado diferenciar al personaje y al futbolista de la persona porque en realidad todos eran uno, fusionados en una misma filosofía. Fue un genio rebelde que hizo diabluras por los pasillos interiores del fútbol, de poco sacrificio pero de un desbordante talento y un alto porcentaje de desvergüenza. Se convirtió además en azote de los directivos de la época, consideraba que había muchos interesados en ganar dinero con su trabajo y, que como actor principal, tenía derecho a reivindicar mejores condiciones. No se callaba absolutamente nada, si no le gustaba el alojamiento, los desplazamientos, los métodos de entrenamientos, los fichajes e incluso las instalaciones, no dudaba en reclamar y denunciarlo.
Fred Emery, mánager del Bradford consciente de que era misión imposible retener a un futbolista de su calidad, comenzó la subasta para cerrar un beneficioso traspaso para el club. Finalmente llegó a un acuerdo en 1946 con el Newcastle por 13 000 libras, pero lo que no esperaba es que Shackleton al conocer por la prensa el montante de la operación entrara en cólera y se sintiera estafado, denunciando que la suma que había cobrado por sus años en el Bradford, y el contrato que había firmado con el Newcastle, no estaban en proporción con la del traspaso.

El hat-trick más rápido de la historia

Con la camiseta de Las Urracas jugó junto a otros grandes jugadores como Jackie Milburn, Bobby Mitchell y Frank Brennan. Pese a que consideraba que su salario estaba muy por debajo de su valía y eficacia como futbolista, debutó en St. James’ Park nada menos que con una tarjeta de presentación de seis goles en la victoria de los Magpies frente al Newport County; pero más allá de la gesta numérica, la excelsa y prolífica cifra goleadora conseguida en su debut, el hecho cobró fama internacional por el espacio de tiempo en el que consiguió tres de ellos: 155 segundos. Convirtiéndose por tanto en el hat-trick más rápido de la historia del fútbol.
Todo comenzó de manera fenomenal pero la vinculación de Len al club fue tan intensa como fugaz, pues resultó ser incontrolable. Los directivos del Newcastle toleraron sus excentricidades hasta que en las navidades de 1947 se negó a acudir a ver el encuentro de un equipo rival, junto al resto de la plantilla. Finalmente le acabaron traspasando al Sunderland por 20 000 libras, una cantidad récord en la historia del fútbol inglés hasta esa fecha.

Clown Prince of Soccer

En el Sunderland jugaría hasta 1954 llegando a dos semifinales de la FA Cup; Len sigue siendo el mayor goleador de la historia de la posguerra del club con 101 goles en 348 partidos. Pero por encima de cualquier circunstancia lo que finalmente quedó fue su forma de concebir el fútbol; fundamentalmente que hizo magia con sus piernas y el balón. Desde su concepción lúdica y desenfadada del juego transmitió alegría siendo único sobre el terreno de juego, en el que era imprevisible, pura diversión, la provocación de un tipo que era capaz de sentarse encima del balón en mitad de una jugada y se autoproclamó Clown Prince of Soccer.
Lo que para muchos era -y hoy sería considerado- como una falta de respeto hacia sus rivales, para Len era la excusa para ser feliz arrancando sonrisas tan enormes de su gente, como enfados de aquellos que osaban a intentar arrebatarle el balón. El camino hacia el gol era absolutamente diferente al del resto de los jugadores, Shackleton podía ir y volver para reencontrarse con el mismo rival y retarle continuamente sacándolo absolutamente de quicio. La jugada era una infinita locura y los defensas la ineludible tentación para divertirse, cuentan las crónicas que gustaba de ridiculizar a los defensores rivales, apoyado en su exquisito nivel técnico era capaz de soliviantar los ánimos de la grada más calmada con una sola de sus filigranas sobre el césped. Su naturaleza rebelde y burlona le granjeó numerosos problemas en muchos estadios. En cierta ocasión, instantes antes de anotar un gol a puerta vacía ante el Arsenal, Shackleton se frenó sobre la línea de gol y, pisando la pelota, simuló estar peinándose cuidadosamente el flequillo antes de introducir el balón mansamente en la portería.
Malcolm Hartley, periodista de la época que lo conoció bien, escribió lo siguiente sobre él: “Aparte de su excelente conducción de balón, con la pelota totalmente pegada a su pie, su sensacional elasticidad, su regate y sus giros, tenía las piernas delgadas, pero cada vez que soltaba su disparo, tenía un látigo y sorprendía a los guardametas”.

Muchos críticos del fútbol británico han llegado a afirmar que los tres futbolistas británicos con más talento de la historia fueron George Best, Tom Finney y Shackleton. Paradójicamente pese a su talento solo fuera internacional inglés en cinco ocasiones, los seleccionadores de la época no le consideraron un jugador del todo fiable, posiblemente un error dado el rendimiento de Inglaterra durante el periodo en el que Len hizo estragos en los campos de fútbol. De cualquier modo se recuerda uno de sus pocos partidos que jugó con la casaca de los ‘Pross’. Fue en 1954 Inglaterra venció ante la Alemania vigente campeona del mundo, en un choque disputado en Wembley en el que Shack dejó su sello con un golazo, sentando a dos defensas y elevando suavemente el balón por encima del meta germano.

La broma lúcida de Len

Incluido en la lista de los 100 mejores futbolistas de la historia de la liga inglesa, una lesión de tobillo forzó su retirada en 1957, tras la cual se convirtió en periodista de prestigio que cobró relevancia por la ironía de sus columnas. Escribió su autobiografía, titulada The Clown Prince of Football. Un libro en el que en uno de sus capítulos quedó perfectamente definida su personalidad y su sentido del humor. Lo título de la siguiente manera: The Average Director’s Knowledge of Football (Conocimientos medios sobre fútbol de los directivos), dedicado en toda su extensión a la capacidad de los directivos de la época -y posiblemente de los de hoy en día- tenía la particularidad de que era una página en blanco, otra broma lúcida más de Len.

Falleció el 27 de noviembre de 2000, a la edad de 78 años en Grange-over-Sands, en el Condado de Cumbria. En 2002, Chumbawamba le dedicó una canción de su álbum Readymades titulada Song for Len Shackleton. Quizás fuera un payaso pero era un príncipe del balón que hizo uso del juego para jugar, para bromear seriamente, filosofar rebeldemente y convertirse en el Groucho de la pelota que tocó las pelotas a todo dios.

Fotos: www.thedaisycutter.co.uk

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