Di Stéfano y Kubala sin mundial

En las clasificatorias para el Mundial de Suecia de 1958 se produjo un hecho vinculado al seleccionado español respecto al cual sigue siendo complicado desarrollar una explicación sólida sobre las razones por las que un combinado con Di Stefano y Kubala en sus filas no fue capaz si quiera de hacerse acreedor a un lugar en la fase final del Campeonato.
Ahora que tanto se debate sobre Messi y Ronaldo, sobre quién está por encima del otro, sobre la razón por la que no han ganado ninguna Copa del Mundo -especialmente como se exige en el caso del argentino- la historia siempre sirve como lección vital y enseñanza de lo complicado que es el deporte. No en vano en esta historia del 58, en esta selección española jugaban juntos los Messi y Cristiano de su época. Además el fútbol español llegaba en plenitud, el Madrid reinaba en Europa y el Barça en Copa de Ferias, a ello había que sumar que equipos como el Athletic, el Valencia y el Atlético de Madrid le plantaban batalla a ambos en la competición española.

Primera decepción ante Suiza

Las selecciones europeas quedaban encuadradas en grupos de tres equipos en los que sólo el campeón lograba el billete para la fase final del campeonato mundialista. El sorteo encuadró a España en un grupo junto a Suiza y Escocia, el primer partido se disputó el 10 de marzo ante Suiza en Chamartín, con el caudillo en el palco -al que nunca le gustó el fútbol pero que conocía de su importancia (como Mussolini) propagandística y como claro opio popular- . Once mil personas acudieron en día festivo y el seleccionador Meana dispuso el siguiente once: Ramallets; Orúe, Heriberto Herrera, Canito; Maguregui, Garay (capitán); Miguel, Kubala, Di Stéfano, Luis Suárez y Gento.
España cedió el rojo a Suiza y vistió de azul –circunstancia nada casual sino causal teniendo en cuenta los oscuros tiempos que se vivían en el territorio español-. De entrada la delantera de cinco de la selección española habría bastado para hacer temblar a cualquier equipo del mundo y no solo para tener aspiraciones de clasificación, sino para convertirse en campeona mundial. Pero quizás con lo que no contaba la selección, aquella impresionante delantera era con el dibujo táctico clásico y tradicional suizo de Karl Rappan, uno de los mayores ideólogos de la historia del fútbol defensivo y el cerrojazo, uno de los precursores del ‘autobús’.
Nadie dudaba de la capacidad de aquellos delanteros, pero ninguno de ellos encajaba en el perfil de delantero finalizador y en esencia se estrellaron ante la muralla suiza, que saliendo a la contra logró incluso a adelantarse en el marcador gracias a un gol de su delantero centro Hügi, que en el minuto seis y tras semifallo del gran Ramallets dibujo el escenario ideal para los intereses suizos. De todas maneras la calidad y el talento del seleccionado español se fue imponiendo poco a poco, España empató en el minuto 29 con gol de Luis Suárez y se puso por delante gracias a otro gol del colchonero Miguel.
En cambio aquella no iba a ser la tarde de la selección, en otra contra Suiza y tras fallo de Canito, Hügi se erigió en verdugo del combinado español firmando el 2 a 2 de una manera nada ortodoxa, batiendo a Ramallets en el 67 de partido. Hubo tiempo para reaccionar y España puso toda la carne en el asador, pero tres excepcionales intervenciones del meta Parlier evitaron la victoria.

Desastre en Hampden Park ante Escocia

Se pensó entonces en que todo había respondido a una tarde aciaga, a la incomodidad de los atacantes españoles ante el cerrojazo suizo y el buen hacer de su portero, algo que pareció corroborarse en el amistoso que posteriormente disputó España en Bélgica, con una brillante victoria por 0-5 y un gol de tacón de Di Stéfano, a pase de Miguel, que quedó para el recuerdo. En aquel encuentro Kubala no jugó, en su lugar se desempeñó Mateos, que encajó bien.
En el horizonte del futuro de España estaba Escocia, la necesidad de hacer un buen partido y sacar un resultado positivo el 8 de mayo de 1957 en el histórico Hampden Park. Sobre el papel España era mejor, pero en el verde el desastre se consumó tras una debacle cimentada en un enorme partido del potente delantero escocés del Blackpool, Jackie Mudie y el desafortunado marcaje de Campanal II. Escocia se comió a España y le endosó un doloroso 4-2, marcando un ritmo endiablado y una velocidad que les superó. Después de igualar dos veces un resultado adverso (1-0) y (2-1) con goles de Suárez y Kubala, los españoles tuvieron que ceder al juego más profundo de los escoceses. España salió al césped con un gran equipo: Ramallets, Olivella, Campanal II, Garay, Vergés, Zárraga, Miguel, Kubala, Di Stéfano y Gento.
Desastre total y la clasificación para el mundial sueco absolutamente en el aire, pues desde ese momento España dejó de depender de sí misma, puesto que quedó expuesta a un complicado e hipotético tropiezo escocés ante la selección suiza. Y en mitad de todo ello la polémica sobre el paisanaje del seleccionador Manuel Meana con Campanal II –este culpado de la derrota en Escocia-. Ambos fueron los cabezas de turco, pero en fútbol con semejante equipo –en cuyas filas estaban Suárez, Gento, Di Stéfano y Puskas- posiblemente no del todo justo.

A expensas de Escocia

España quedó por tanto a expensas de otros resultados y demostró con posterioridad que no solo tenía equipo para clasificarse holgadamente arrollando 4-1 a Escocia en Madrid con doblete de Basora y 1-4 a Suiza en Lausana con doblete de Kubala y de Di Stéfano. Pero Escocia no falló, venció sus dos partidos contra Suiza, y se clasificó, con tres victorias y una derrota. A diferencia de ello España pagó muy caro su nefasto comienzo en las clasificatorias, con dos victorias, un empate y una derrota, un equipo con futbolistas de la talla de Miguel, Kubala, Di Stéfano, Suárez, Gento, Ramallets, Basora, escoltados por grandes medios y defensas de un fútbol que reinaba en Europa se quedó inexplicablemente fuera del mundial.

Un equipo con el Messi y el Cristiano de la época fuera del Mundial

España llegó incluso a agarrarse a una esperanza remota, pues tras la renuncia de los países asiáticos a enfrentarse a Israel, la FIFA decidió hacer un sorteo entre los nueve equipos ya eliminados para otorgarle la posibilidad de jugar una repesca ante Israel. El sorteo llevado a cabo el 15 de diciembre de aquel año, otorgó a través de una mano inocente la posibilidad de repesca a País de Gales. De esta forma el sueño de Suecia se esfumó; un equipo con el Cristiano y el Messi de la época no fue si quiera capaz de obtener una plaza en la final de un Mundial. Demostrando de esta manera que en el fútbol no se debe dar nada por hecho antes de jugar; mucho menos condicionar el valor histórico de los jugadores en función de su desempeño en una cita mundialista.

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