Historias de viejos…

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Una templada mañana de abril de 2011 un hombre de avanzada edad desayunaba solo en los jardines del recuerdo, aquellos tan bellos como olvidados, pues su antigua belleza quedó impregnada en las afueras de su memoria. Aquel hombre de pelo cano bebía a sorbos lentos una taza de café y sujetaba con pulso incierto un viejo periódico de 1951. Clavó su vista incrédula sobre el titular de portada y luego con infinita tristeza plegó el diario sin ánimo de leerlo. Después para conjurar la pena se acomodó en una mecedora, cerró los ojos y al compás del crujido de la madera comenzó a recordar. Más

Bar “El Quitapenas”

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Un cielo plomizo cae sobre Santiago, al cobijo de la penumbra un espectro escolta el desequilibrado deambular de un hombre que a mitad de camino entre la bohemia y la muerte acaba ahogando sus desgracias en los efluvios alcohólicos de una cantina.
Con el primer sorbo de vino, un sabor a madera añeja y sangre le deja un regusto amargo por el que viajan condensados los más de cien años de un negocio que se nutrió incesantemente del arte y la muerte. En las tiras verticales de madera que cubren la pared, suena la vida como en un piano de cola y el barniz de la muerte grita su desgarrador silencio. Hojas en blanco son sus mesas, crónicas negras del recuerdo que rezuman por sus patas efluvios literarios ahogados en alcohol hasta la primera luz del amanecer. Más

“Viejo con árbol” del Maestro Fontanarrosa.

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Se cumplen ya tres años desde que la figura de un poeta del fútbol abandonaba esta existencia para perfilar en ‘la otra’ semblanzas del viejo football apoyándose en la crónica eterna de su vida literaria. Según tengo entendido por allá sigue arrancando risas con su humor gráfico y como siempre sigue disfrutando contando historias humanas que forman parte de nuestra cotidianidad pero que él con sus caricaturas convierte en grandes y con su pluma en verso. Me cuentan Garrincha, Best y Sívori que nadie dibujó sus regates como ahora lo hace el “Negro” y los viejos aficionados se siguen sintiendo identificados con sus historias. Al parecer este viejo juglar del arte sigue aportando una visión sobre el fútbol como tema intelectual pero a su vez sigue saltando y abrazándose por un gol de Central. Yendo más lejos los viejos hinchas del lugar me dicen que el “Viejo Barbudo” que lleva los galones allá arriba se parte de risa con los chistes etéreos y las ocurrencias del “Negro”. Más

“El Gordo Gandolfi”

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gandolfiSebastián Gandolfi era un tipo grueso, calvo, de aspecto bonachón, pero inteligente, con un nivel cultural alto y un carácter firme aunque bastante transigente. Su peculiar aspecto físico que remataba con un chándal idéntico al que llevaba Alf Ramsey cuando dirigía la selección inglesa -campeona en el 66-, y una gorra boina a cuadros, le convertía en claro objetivo de burla de chicos como nosotros. Jóvenes aficionados al fútbol que soñábamos con ser estrellas y soltábamos las tensiones acumuladas en nuestras respectivas profesiones en los campos de Tercera Regional.

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Libélulas heridas.

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libelulaPor estas latitudes del sur de España el otoño aún nos otorga una tregua en la que nos regala días de alfombras de arenas blancas, horizontes dorados, atemperados, suaves y tenues. Sueños que nos recuerdan al ya lejano adiós del estío, al calor del membrillo, a su luz, a ese derroche de belleza y agua templada de un mar que te invita a adentrarte y pasear. El agradable abrazo del Sol que mesa sus cabellos dorados con el susurro del viento del este. Días de últimos baños, baños purificadores al son de semillas voladoras y veloces libélulas que desafían al viento y planean en vuelo rasante por encima del mar. Un arriesgada lucha y un arriesgado juego en el que se apuesta a todo o nada y que en ocasiones puede tener mal final. Y es en este punto donde os quiero contar la bella y vívida experiencia de uno de esos baños purificadores de sal. Más

Imaginación esférica.

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tap5Mi afición por el fútbol en general y el histórico en particular me viene desde pequeño, cuando contemplaba absorto desde el sofá de mi casa sin levantar un palmo del suelo a mis hermanos echando un partido de tapones en una ficticia cancha de losas de terrazo, un terreno de juego en el que dos porterías fabricadas con retales de madera y redes de bolsas de papas evocaban el mágico escenario que a muchos de nosotros nos ha acompañado en nuestra infancia. Aquel peculiar estadio de rebosantes e imaginarias gradas y ese esférico abotonado que hacía las veces de balón eran capaces de cobrar vida en nuestro vuelo imaginativo mientras otro de nosotros relataba y entonaba con la misma intensidad que puso Víctor Hugo Morales en el gol de Maradona, las acciones que se iban produciendo sobre el duro terrazo. Un terreno de juego poblado por 22 protagonistas recortados circularmente de aquellos cromos que tanto nos ilusionaron y acompañaron en aquellos maravillosos años. Tapones, descorchados y rellenos de cera que mostraban su genialidad y condición de estrella gracias al tino en el golpeo y a la precisión de unos afilados pies que elevaban el esférico a un ángulo de una portería defendida por un guardameta con cuerpo de caja de cerillas. ¿Histeria colectiva, locura? No, pura imaginación, pasión, fútbol… Más

Cuento de fútbol: “En un metro cuadrado”

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"La tribunita"

"La tribunita"

De un tiempo a esta parte la vida ya dura de por sí se me hace cada vez más cuesta arriba, por si no fuera suficiente con levantarme a las cinco de la mañana para trabajar en la panadería familiar junto a mi marido y regresar a casa para seguir con la faena y la guerra que dan tres hijos en plena adolescencia ahora me encuentro con una situación que desde finales de mayo resulta insostenible para el correcto y sosegado funcionamiento de la familia. Más