En los exteriores del santacrucero estadio Heliodoro Rodríguez López un mosaico de cerámica  inmortaliza la feliz imagen de la celebración de un gol. La celebración de un chicharrero de adopción que pisó por primera vez la tierra de los bienaventurados en 1986. El Frente Blanquiazul quiso recordarle así hace unos años y desde entonces jamás faltaron flores a los pies de la misma.

Llegó para disputar el Mundialito de la emigración, donde fue descubierto por Jose Antonio Barrios, secretario técnico del CD Tenerife, que identificó en la imponente planta y evoluciones de aquel panameño las cualidades futbolísticas que adornan a un goleador, a ese espigado y potente número nueve que percutía balones en el área y pleno vuelo con destino al infinito. Más