Suena un fado en el ambiente, el fútbol, su recuerdo se envuelve entre sus notas, transita como lamento nacido en la noche de los tiempos. Y aquel fado que quiere decir “hado” o sea destino, encuentra en la “melancolía de los dioses” la “melancolía del fútbol”, a la excelencia y fugacidad de nuestra existencia, también a la inmortalidad de la música, el lamento y la historia del fútbol portugués. Y en aquella inmortalidad, en su lamento eterno, la selección portuguesa sigue anhelando su cita definitiva con el destino, el éxito en una gran competición internacional. En el pozo profundo de la memoria colectiva, como lamento profundo que surge de las entrañas, del pasado, el quejido genial de talentos como Eusebio, Futre, Figo, Rui Costa, hacen sonar el fado de su fútbol con la “cítula” de los dioses. Para ellos, grandes entre grandes, el fútbol siguió siendo fado, pues este puso letra a sus propias tragedias acaecidas a tan solo dos yemas de la gloria. Más