El fútbol como juego siempre ha representado para todos nosotros el vehículo ideal para transportarnos a nuestra infancia, periodo vital en el que nuestros sueños idealizaban figuras y momentos legendarios que intentábamos reproducir a pequeña escala, ya fuera en un improvisado partido de chapas, en una cancha de futbolín o en la plazoleta de nuestro barrio. Cualquier momento y lugar eran idóneos para que nuestra imaginación volara hacia aquellos grandes estadios y sus grandes figuras, héroes a los que todos queríamos emular partiendo de un juego y un juguete con el que todo comenzó: el balón.

Quizás por ello y por la sencilla razón de que este deporte ha perdido buena parte de su esencia -la que atañe al juego en toda su pureza- me llamaron tanto la atención varias fieles representaciones construidas con piezas Lego que nos recuerdan que hace algún tiempo ya lejano el fútbol fue nada más que un juego. Aquello que nos recuerda Leo Messi de cuando en cuando: salir a divertirse como cuando tenía diez años. Más

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