SS Conte Grande

SS Conte Grande

El SS Conte Grande fue un buque perteneciente a la compañía italiana Lloyd Sabaudo Line, fue construido en 1927 en Trieste, e inicialmente prestó servicio entre Genova y New York. Concretamente inició su primera travesía siguiendo la Rosa de los Vientos de su carta de navegación un 29 de junio de 1927, cuando partió del puerto de Génova a Nápoles para llegar a la ciudad de Nueva York, el 13 de abril de 1928.
Así comenzó su historia náutica este buque que fue testigo directo de una Guerra Mundial, en la que prestó servicio comercial, un navío que en 1932, fue trasladado a prestar servicio a América del Sur,  y al que el destino llevó a Santos, Brasil en 1940.
Y allí en Brasil cuentan que en el año 55 extendió su pasarela para que Botafogo emprendiera viaje hacia la Vieja Europa. Al frente de la expedición el estricto y severo entrenador, Zezé Moreyra y entre ellos un peculiar futbolista al que llamaban Mané. Peculiar porque la ciencia médica le auguró un futuro complicado y alejado del deporte y porque la naturaleza humana le otorgó unas condiciones únicas para la práctica del fútbol. La polio le ‘construyó’ un físico desequilibrado, desproporcionado, con un centro de gravedad loco y piernas arqueadas a las que les sacó el máximo partido y con las que consiguió hacer de ese desequilibrio su forma de vida en un terreno de juego. Cuentan que jamás hubo tanta magia y arte en otro jugador, que nunca otro futbolista volvió a andar sobre sus amagos para romper una y otra vez al mismo defensor. Dicen además que ese desequilibrio fue una constante durante toda su vida, tanto dentro como fuera del terreno de juego y que por ello fue víctima de su grandeza y su pequeñez.

"Mané" Garrincha

"Mané" Garrincha

Garrincha fue una anécdota continua, su forma de ser le hacían estar constantemente en los extremos de la vida, paseando como un funambulista por el alambre de la línea de cal.
Fue un tipo pícaro, incontrolable, que en aquel viaje a bordo del lujoso SS.Conte Grande, burló una y otra vez la estrecha vigilancia de Moreyra para volar y hacer eses sobre la cubierta bajo los efectos del alcohol, su errónea válvula de escape. El bueno de Mané salvaba la vigilancia de Zezé rellenando una garrafa de Coca Cola con Ron haciendo ver al entrenador que solo consumía refrescos. Una pequeña muestra más de lo que fue Mané, el futbolista amateur más grande la historia, el ‘encantador’ de balones, el prestidigitador del fútbol, el rey del engaño, un jugador que vivió y jugó como quiso pero en definitiva uno de los mejores de la historia.
Mané declaró en una ocasión “Yo no vivo la vida, la vida me vive a mí” y es que desde pequeño tuvo que sobreponerse a numerosas adversidades y siempre buscó una válvula de escape para huir de la dura realidad. Por ello su tendencia por partes iguales tanto a la genialidad como a la autodestrucción, una actitud que le llevó en numerosas ocasiones a adentrarse por caminos erróneos que acabaron por convertir su vida en una vertiginosa montaña rusa. Una víctima más de la vida, de su propia fama y de aquella depresión crónica que muchos genios han padecido.
Su primer entrenador en el Esporte Clube de Pau Grande, Seu Toti, declaró sobre él: “Le gustaba la cerveza y el aguardiente, pero odiaba ser elogiado”, fue el retrato robot perfecto de su peculiar personalidad. Cuentan que en el Mundial de Chile de 1962, tras su impresionante exhibición en la final, un reportero se le acercó y le comentó: “Por favor, dos palabras para este micrófono”.A lo que el indiscutible genio de aquella selección respondió: “¿Dos palabras? Adiós, micrófono”.
Comenzó pegado a la banda derecha, sus piernas arqueadas hipnotizaron a centenares de zagueros, en sus inicios todos sabían que regatearía para la derecha pero nadie era capaz de arrebatarle el balón. Mané fue a más y además de convertirse en un magnífico pasador, creador de grandes artilleros, acabó por convertirse en un genio capaz de hacer cuatro amagos, seis regates y marcar gol.
Garrincha enseñó a los aficionados que el fútbol era un juego, pura diversión en el que la risa y el enfado iban por barrios. Sus arrancadas, sus frenadas y sus amagues, eran directamente proporcionales a las pasadas de frenadas, roturas de cintura y enfado de sus rivales. Mané hizo en un campo de fútbol lo que estaba acostumbrado a hacer en los suburbios, cuando descalzo volvía loco a los chavales en aquellas ‘peladas’ de pobreza que disputaba a diario.
El mago que encantó defensas entre 1953 y 1972, hasta que dos operaciones de menisco dejaron sin magia a aquellas piernas arqueadas. El principio del fin de un genio que tras su retirada se dedicó a hacer exhibiciones por todo Brasil y que a su vez fue ahogándose cada vez más en el alcohol.
Así fue como este prestidigitador del fútbol entró en un vertiginoso proceso de autodestrucción que le condujo a su muerte, que como muy bien expresó Galeano le llegó a los 49 años: pobre, borracho y solo.
En cualquier caso la historia de un hombre que hizo feliz a la gente y que me ha hecho recordar aquella anécdota vivida a bordo del SS Conte Grande, lujoso navío que fue testigo directo de la historia a través de sus largas travesías y de las travesuras de un niño grande llamado Manoel, del que João Saldaña, llegó a decir: “Dentro de 400 años, cuando se hable de fútbol, se hablará de Garrincha”.


Mariano Jesús Camacho.